El gran teatro mundano

La línea que separa la civilidad de la hipocresía a veces es tenue

Luis Ventoso
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Antes de dilapidar sus talentos en un desparrame de barroquismo sin guión, el director napolitano Sorrentino ideó varias excelentes películas. En 2014 ganó el Oscar con «La gran belleza», que contaba las andanzas romanas de un escritor de periódicos y novelista frustrado llamado Jep Gambardella. El protagonista era un dandi mundano, pero con sus recovecos reflexivos, encarnado por el extraordinario actor Toni Servillo. Solo ver a Servillo paseando por Roma con la música adecuada -y ataviado con los trajes perfectos de la sastrería napolitana Attolini- ya valía la película. Pero además los diálogos tenían enjundia. En un momento dado, Gambardella es consciente de que ha enfilado el crepúsculo de su vida y llega a esta conclusión: «El descubrimiento más consistente

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