Vidas ejemplares

La gran carrera

La llegada del hombre a la Luna fue el triunfo de la democracia frente al comunismo

Luis Ventoso
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Los rusos no conocieron al genio que hizo posible su carrera espacial hasta que se murió en 1966, con 59 años. Ese día, «Pravda» publicó un amplio obituario, ilustrado con una foto en la que al desconocido héroe casi no le cabían las medallas en su pechera (lo que no contó el periódico oficial fue que en su brutal purga de 1938, Stalin mantuvo varios años al científico en el Gulag, mermando su salud para siempre). Las cenizas del ingeniero fueron depositadas en los muros del Kremlin. Máxima solemnidad. Pero hasta ese día, el nombre de Sergei Korolev había sido un alto secreto de Estado. Solo se le mencionaba como el anónimo «diseñador jefe». Korolev, judío ucraniano, había sido piloto

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