El gong del Óscar y los «gangs» de Nueva York

Por E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
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El cine se pone de puntillas y se estira a lo ancho para llamar la atención. Llegan estas fechas y en Hollywood sólo tienen por delante dos problemas: entrar en la selecta lista de invitados a la ceremonia de gala de los Oscar y entrar en el esmoquin de todos los años... El estreno de «Gangs de Nueva York», la shakespeariana y abrupta película de Martin Scorsese, ha sido algo así como el golpe de gong al platazo del cine. Cuando dentro de unos días se estrene «Chicago», un magnífico chasquear de dedos que sume al espectador en el horno donde se cuecen los sueños, se habrá cerrado el gran círculo, se habrá hinchado al máximo la O mayúscula del Oscar...

Daniel Day-Lewis con chistera y bigotazos espesos y húmedos como un trapo de cocina; Leonardo DiCaprio sin dulzor, con guedejas y esquinas; Cameron Díaz, pletórica de hoyuelos y más pícara y pécora que de costumbre... Catherine Zeta-Jones, subida a un escenario del que no debería bajar nunca; Renée Zellweger con un traje de escamas y tantas gracias como un buen recibimiento oriental; Jack Nicholson, una vez más y como siempre, y mejor que nunca, en el papel de su vida, el de un tipo tan encantador como repugnante; Nicole Kidman, escondida tras el aspecto imposible de Virginia Woolf, en uno de esos personajes que compone al milímetro y con la precisión y calidad de un relojero suizo... «Gangs de nueva York», «Chicago», «A propósito de Schmidt», «Las horas»... Durante estas semanas, la afiladísima realidad tropieza con el tejido irrompible, ilusorio y envolvente del cine: la vida, la actualidad requiere de nuestros cinco sentidos y de toda nuestra atención, pero el cine, ya digo, se pone de puntillas y se estira a lo ancho para que lo veamos ¡Hay tantas maneras de llamar la atención! Desde el estreno de «Gangs de Nueva York» o «Chicago»... Hasta una buena ceremonia de entrega del Oscar... Por cierto, ¿habrá visto alguien allí la de los Goya?