Gobierno de urgencia y necesidad

Sánchez bate el récord de decretos de una legislatura en solo dos meses

Juan Pablo Colmenarejo
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Cuando el marianismo aguantaba viento y marea, en la puerta de entrada de La Moncloa avisaban de que, cruzando el umbral, lo urgente era esperar. Con la llegada de Sánchez, hace menos de tres meses, la marca de la casa ha cambiado. La prisa es otra. Se trata de aprovechar el tiempo al máximo e impactar en las redes y en las televisiones con un ramillete de decisiones que hagan brillar a un Gobierno, que además de bonito le gustaría ser largo después de las próximas elecciones. En el Madrid del bochorno de agosto se empiezan a cruzar apuestas sobre la fecha de la convocatoria a finales de octubre. Bien es cierto, que de por medio están las semanas que el independentismo catalán va a utilizar, un año después del golpe al Estado, para meter otra vez toda la presión a la caldera. Tal vez no sea el mejor momento para ir a las urnas, pero sin presupuestos el horizonte se complica. Con Sánchez nunca se sabe, pero hacer coincidir las generales con las autonómicas andaluzas fue un jugada que a Felipe González le salió bien. Dependerá de la táctica del instante y del análisis que a La Moncloa le proporcionen el CIS y el olfato del gurú presidencial experto en marketing.

En la campaña de noviembre de 2015, Sánchez prometió no utilizar la urgencia del decreto-ley como había hecho Rajoy «hurtando a las Cortes Generales su función». Resulta que aquel Gobierno del PP aprobó en cuatro años seis decretos, uno menos que el actual gabinete de Pedro Sánchez en solo diez consejos de ministros, es decir, en un verano. El récord ya es suyo y gana a los tres predecesores en el cargo. Tampoco Zapatero y Aznar tienen ni esos números ni la velocidad de Sánchez con los decretos. El Gobierno de la minoría absoluta, con 84 escaños lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, está reformando leyes sin que la extrema urgencia y necesidad requerida por la Constitución para la aprobación de un decreto aparezcan por ninguna parte. Una ley requiere tiempo y negociación. Por supuesto enmiendas, e incluso un consenso si se trata de llegar a un acuerdo general sobre asuntos pendientes o aparcados después de la transición, también por el PSOE.

Ahora exhumar al dictador Franco, se convierte en la decisión estrella –que trata además de hacer otro examen de democracia al PP y también a Ciudadanos– y sobre todo imprescindible de un mandato que debería expirar más pronto que tarde si se recuerdan las palabras del actual presidente del Gobierno en la moción de censura el pasado jueves 31 de mayo. Sánchez, sin tiempo y con solo 84 diputados, hace de su paso por La Moncloa un estado de urgencia y necesidad antes de las inevitables elecciones anticipadas.

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