El presidente electo de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno,
El presidente electo de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, - EFE
EDITORIAL

Un gobierno para cambiar Andalucía

Por más que la izquierda se irrite y asedie desde la calle el Parlamento andaluz, la realidad es que Moreno es un presidente perfectamente legítimo

Actualizado:

Tras 37 años de poder ininterrumpido del socialismo, Andalucía tiene desde ayer un presidente autonómico ajeno al PSOE, partido que permanece en shock desde el 2 de diciembre. Juan Manuel Moreno, líder del PP andaluz, fue investido presidente con los apoyos de Ciudadanos y de Vox, y con el mandato de abrir una etapa de regeneración política, de levantamiento de alfombras y combate efectivo de una corrupción institucionalizada, de recuperación del empleo y de erradicación de un régimen clientelar basado en una endogamia amiguista y en la dictadura del voto cautivo. Tanto el PSOE como la marca andaluza de Podemos llevan semanas criminalizando los pactos de investidura y gobierno alcanzados, como si fuesen carentes de legitimidad. Una vez más, la pretendida superioridad moral de la izquierda quiere imponerse sobre la suma de los votos. La izquierda siempre lo hace a conveniencia: cuando pacta con separatistas, nacionalistas o batasunos, se trata de un libre ejercicio de legitimidad política basado en el deseo de la mayoría; y cuando lo hace la derecha es sencillamente el retorno de un fascismo xenófobo que pretende restringir libertades y derechos, estigmatizar a la mujer, y promover una España sometida a los recortes y la infelicidad. Sin embargo, ese mensaje ha dejado de ser creíble.

El nuevo Gobierno andaluz es plenamente lícito y democrático, más allá de que lo razonable y deseable sería que siempre gobernase el partido más votado. Sin embargo, España parece estar en otra fase política. Pedro Sánchez rompió esa norma no escrita forzando una moción de censura para gobernar con 84 escaños, mentir a los españoles para no convocar elecciones e inaugurar una etapa de incertidumbre que, en Andalucía, ha beneficiado de momento al PP. Por más que la izquierda se irrite, exagere, asedie desde la calle el Parlamento andaluz o resucite los fantasmas del franquismo, nadie puede negar la realidad de que Moreno es un presidente perfectamente legítimo. Y que su Gobierno es homologable al de cualquier democracia occidental. Lo demás es mentir y manipular.

También será el bautismo de una coalición inédita. Por fin Ciudadanos ha accedido a involucrarse en la política real y en la gestión de un Gobierno autonómico, dejando tras de sí esa costumbre tan suya de aleccionar siempre a los demás sobre cómo deben gobernar, pero sin remangarse ni mancharse, observando los toros desde la barrera. Será la primera fiscalización pública a la que deba someterse Ciudadanos en un Gobierno de relevancia tras asumir la vicepresidencia andaluza y carteras muy comprometidas. Moreno y Juan Marín no tienen ante sí un mero relevo en la única autonomía en la que jamás hubo alternancia de poder. Tienen ante sí una labor casi hercúlea, porque rescatar a Andalucía de los vicios y abusos de casi cuatro décadas de socialismo requerirá determinación y paciencia.