Gobernar para ir gobernando

Sánchez e Iglesias intentan dar el pego con medidas efectistas, pero solo buscan más votantes

Ana I. Sánchez
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En los días previos a la moción de censura, José Luis Ábalos y Santos Cerdán citaron a los portavoces de la oposición en un hotel cercano al antiguo estadio Vicente Calderón para negociar el desahucio de Rajoy. El hoy ministro de Fomento explicaba, con cara de funeral, que el PSOE había planteado la moción porque tras la sentencia del caso Gürtel no se entendería que no lo hiciera y preguntaba a sus interlocutores qué querían a cambio de su apoyo. Cuando estos le preguntaban cuál era el objetivo del nuevo Ejecutivo, él contestaba lacónicamente «gobernar para ir gobernando». Sin más meta. Sin ningún proyecto. Es la máxima más hueca con la que ningún partido ha llegado a La Moncloa.

Desde aquel día, ese «gobernar para ir gobernando» guía los pasos del nuevo Ejecutivo. Desde la exhumación de Franco sin consenso hasta el acogimiento del Aquarius a bombo y platillo. Medidas cortoplacistas solo para consolidarse en las próximas elecciones y seguir gobernando. La última, los nuevos Presupuestos. Una lluvia de millones que no se dirige a atajar el grave problema que sobrevuela nuestro país: el riesgo de desaparecer como pueblo. Y no por la crisis catalana, sino por el déficit de natalidad. El mismo día que Sánchez e Iglesias firmaban el acuerdo para las nuevas cuentas, el INE publicó un dato estremecedor: España perderá casi el 7% de su población nativa durante los próximos 15 años. Con esa progresión, el 43 % de la población será extranjera en tan solo 50 años. Un dato que, de paso, vuelve aún más absurda la lucha del independentismo: en una generación la mayoría que vivirá en Cataluña no será ni española, ni catalana. Será inmigrante.

En esa máxima de «gobernar para ir gobernando» no entra, por supuesto, ningún análisis sobre cómo atajar lo que Alejandro Macarrón, autor de libros como «El suicidio demográfico de España» califica de «emergencia nacional». Sánchez e Iglesias han intentado dar el pego con medidas efectistas que no buscan resolver el problema sino más votantes. La primera, la subida a capón del salario mínimo. Una decisión cuyos efectos serán inciertos si llega a aprobarse. Incluso Julio Anguita sospecha que muchas empresas intentarán eludir una alza tan fuerte rebajando las horas de trabajo en los contratos e imponiendo horas extra impagadas. La equiparación de los permisos de paternidad y maternidad -segundo reclamo- es un gran avance para la corresponsabilidad, pero no tiene efectos sobre la natalidad. En EE.UU. no existe la baja remunerada por hijo y la tasa de nacimientos es mayor (1,84) que en España (1,31). Y por si no había quedado clara la indiferencia que despierta este grave problema al dúo Sánchez e Iglesias, cuando pueden bajar el IVA a una gama de productos eligen la higiene femenina en lugar de los pañales. Qué lejos queda el famoso proverbio que ha guiado durante años a China: «La generación anterior planta árboles y la posterior se cobija a su sombra». Hoy en España, solo se gobierna para ir gobernando.

Ana I. SánchezAna I. SánchezRedactoraAna I. Sánchez