Gobernación de supervivencia

Sánchez utiliza el poder para mantenerse, con medidas y anuncios tácticos y electoralistas

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«La obligación de todo Gobierno es mantenerse». La frase pronunciada ayer por Isabel Celaá viene a poner voz a los hechos que demuestran que el único objetivo del Ejecutivo de Sánchez es la supervivencia. De ahí la defensa que la portavoz hizo de la ministra de Economía después de que ayer ABC publicara que Nadia Calviño usara una sociedad instrumental y dos testaferros para comprar su casa. «Está en perfectas condiciones de seguir en la mesa del Consejo de Ministros». Cierto, parece un patrón de comportamiento pues también se sentó allí Maxim Huerta y se sienta Pedro Duque, cogidos con el mismo artilugio fiscal para ahorrase impuestos, utilizado asimismo por la secretaria de Estado para el Deporte. Pero no, la obligación de un Gobierno no es mantenerse, es gobernar para que los españoles vivan mejor y el país progrese. Se gobierna para los ciudadanos no para permanecer en el poder. Y si se hace bien, normalmente esos ciudadanos confirman en las urnas que así ha sido. Para Sánchez, claro, este es un hecho irrelevante, toda vez que llegó a La Moncloa sin pasar por las urnas, algo insólito en estos cuarenta años de democracia.

Sin apoyos para sacar adelante los presupuestos de 2019, con una gestión plagada de pasos atrás, globos sonda y brindis al sol, con dos ministros ya dimitidos y otros tantos cuestionados por su relajo en el esfuerzo fiscal que se exige a todos los españoles, y con el propio presidente cazado en mentiras y plagios en su tesis doctoral, Sánchez utiliza el poder (el que le deparan sus 84 diputados) para mantenerse, con medidas y anuncios tácticos y electoralistas. Ayer comenzaba la campaña andaluza y anunció un plan para el campo de Gibraltar que implica a ocho ministerios y sacó al ministro de Agricultura a anunciar una futura PAC (que hasta mediados de 2019 no se decide) «satisfactoria».