Gdansk, alto al odio

Al alcalde de Gdansk, del que fui amigo, se le debe no solamente el respeto debido a las víctimas de un atentado, sino también el haber emprendido una revolución política

Guy Sorman
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El asesinato de Pawel Adamowicz, alcalde de Gdansk, el pasado 13 de enero, es algo más que un suceso banal o un lamentable atentado en un rincón de Polonia. Es más bien, creo yo, una señal preocupante del aumento general de la violencia política en Europa. Adamowicz no era un político corriente. El alcalde de Gdansk, un hombre cercano a Lech Walesa, fundador de Solidaridad y vencedor de la ocupación soviética, y próximo también a Donald Tusk, actual jefe del Gobierno europeo, había sido elegido recientemente con dos tercios de los votos, un triunfo raro en democracia. A sus 53 años, encarnaba la continuidad del liberalismo polaco y europeo, una antiquísima tradición nacional. Por otra parte, sabemos que su asesino

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