Gasolinas de rebajas

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Carrefour ha decidido utilizar los carburantes, gasolinas y gasóleos, como arma comercial, como estrategia de marketing, y desde ayer ofrece a sus clientes que reposten los automóviles con precios por litro muy competitivos, dos duros menos que la media: 121 pesetas litro para gasolina sin plomo de 95 y 110 pesetas para gasóleos, rebajas de entre el 7 y el 9 por ciento sobre la media. Los empresarios de gasolineras han puesto pies en pared y alegan que se viola la ley del comercio, ya que entienden que se trata de una venta a pérdida porque el margen en el punto de venta no supera las siete pesetas por litro.

La oferta de esta gran superficie se limita a veinte estaciones de servicio instaladas en sus centros comerciales, una muestra poco relevante en el conjunto nacional aunque sea muy visual. Pocas objeciones pueden hacerse al hecho de que unos comerciantes legítimamente establecidos utilicen una u otra mercancía como gancho, como oferta interesante para sus clientes; se trata de una práctica íntimamente ligada al comercio diligente y competitivo. Los carburantes son un epígrafe relevante en el gasto de las familias y, con esa perspectiva, cuanto más competencia exista en su oferta mejor para todos.

El sector tradicional no ha sido hasta ahora un dechado de virtudes ni de eficiencia; ha pesado sobre él demasiada regulación de la que no se puede culpar a los empresarios pero por la que las víctimas han sido los usuarios, los clientes. Es cierto que hoy las estaciones de servicio ofrecen, en general, un aspecto digno, atractivo incluso, y que han descubierto que en torno al suministro de carburante puede armarse una oferta de productos de conveniencia o vinculados al automóvil interesante y rentable. Pero llama la atención la obcecación de la industria en mantener estructuras rígidas de precios en el producto básico sin distinguir si es autoservicio o no, sin utilizar mecanismos de descuento por fidelidad, por horarios, por temporada, por uso de otros servicios o por cualquier otra razón al alcance del más modesto especialista en marketing.

La dispersión de precios en las estaciones de servicio es mínima, descontadas las veinte gasolineras más baratas y las más caras, nos encontramos con diferencias de precios irrelevantes. Y eso no ocurre en ningún producto o sector entreabierto a la competencia. Quizá hay que innovar y cambiar los sistemas de abanderamiento de gasolineras y de contrato de suministro, los procedimientos de facturación, en suma, el viejo modelo heredado de la intervención. Pero lo que no debe evitarse es una competencia más activa, más profunda. Las gasolinas también sirven para rebajas y ofertas, y los clientes estarán encantados de repostar más barato.