Galimatías

El caos provocado por una confusa ley no invalida al Tribunal como última línea de defensa de España

José María Carrascal
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Todo el mundo arremete contra los bancos y los jueces, mientras los verdaderos culpables escapan. No intento disculpar los errores cometidos por la Sala Tercera del Tribunal Supremo, que no pudo llevar peor el asunto de los impuestos de las hipotecas, en especial su presidente. Pero, ¿de dónde viene el embrollo? Pues, de la opacidad de la ley de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, cuyo artículo 29 hace «sujeto pasivo al adquirente del bien o derecho y, en su defecto, las personas que insten o soliciten los documentos notariales o aquellos que en cuyo interés se expidan», galimatías que un reglamento posterior dio la vuelta, al disponer que, «cuando se trate de escrituras de constitución de préstamo con garantía

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