Fuese y no hubo nada

Jesús Lillo
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Susana Díaz trató ayer de quitarle importancia a lo que, pese a su formalismo parlamentario, fue el último acto político de un régimen de secano que se ha perpetuado durante casi cuatro décadas, un endemismo sin par en Europa y cuyo final exigía altura de miras, conciencia histórica e incluso cierta dosis de mitología y folclore, como en una clausura olímpica. Las manifestaciones parafeministas del pasado martes aún tenían la épica que a bordo de un autobús y bocadillo en mano, carretera y manta, ha cultivado el socialismo andaluz desde finales del siglo pasado para institucionalizar su contrarrevuelta. De lo ocurrido ayer en el Parlamento regional, en cambio, nadie podrá pintar un cuadro como el que imaginó Pradilla de la

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