Fuera de juego en la UE

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NADIE pudo imaginar que la transición entre las tradicionales presidencias semestrales y la nueva presidencia permanente del Consejo Europeo sería tan brusca. Como ha puesto de manifiesto la gestión de la crisis financiera griega, la presidencia española ha permanecido al margen del asunto central del semestre, más preocupada por escapar de las críticas que hacían paralelismos con nuestra economía que por participar en el diseño de la solución de los problemas griegos. El raquítico papel de España en este caso es todavía más patente si se tiene en cuenta que esa responsabilidad de coordinación que corresponde a la presidencia semestral no puede ser ejercida todavía por Van Rompuy, todavía una figura muy débil, lo que ha obligado a Francia y Alemania a hacerse con las riendas de la UE. El temido directorio franco-alemán se ha impuesto porque la presidencia española no está en condiciones de ejercer un liderazgo creíble para gestionar la salida de la crisis financiera. Aunque la situación española esté lejos de ser tan grave como la de Grecia, es indudable que el Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha granjeado un descrédito tal en los medios internacionales que no le permite estar al frente del equipo que debe imponer a Grecia la rigurosa disciplina que exige la situación.

En las actuales circunstancias, en la zona euro nada es más valioso que la estabilidad y la serenidad de los mercados. Incluso la evidencia de que Grecia necesitará ayudas financieras directas está siendo gestionada con cuentagotas, para no transmitir la idea de que la situación pudiera ser más grave de lo que se piensa. ¿Qué podría hacer la presidencia española en este caso para añadir la confianza que la gestión del presidente del Gobierno no ha logrado suscitar? Hubo un tiempo en el que España logró el acuerdo de sus socios comunitarios para ejercer una presidencia plena, a pesar de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. A primeros de año, desde La Moncloa, se pasó a una actitud de cooperación con la presidencia permanente y, en menos de dos meses, la UE está gestionada por el directorio franco-alemán, con España fuera de juego, salvo para acoger los consejos informales de ministros y las cumbres con países terceros, campo en el que al Gobierno tampoco le gustará recordar lo sucedido con la anulación de la visita de Obama.