Fuentes Quintana, que estás en los cielos

Zapatero busca a la desesperada un relevo para Solbes. Tras consultar al oráculo empresarial, el presidente empieza a decantarse por un técnico con empatía, reputación y adhesiones a diestro y siniestro del arco parlamentario que haga de la crisis una cuestión de Estado. El ideal sería un catedrático como Fuentes Quintana, el artífice de los Pactos de la Moncloa, que se crea el cargo y asuma, por encima de todo, que con las cosas de comer no se juega

JOSÉ ANTONIO NAVAS
Actualizado:

«Nada mejor podías pedir de mi que con más gusto estuviera dispuesto a concederos», debería exclamar Pedro Solbes cuando llegue ese anhelado momento en el que Zapatero, al fin, le indique la puerta de salida del Gobierno socialista. El ministro de Economía no es aficionado a la caza ni está por la labor de liarse a tiros al estilo Michael Douglas en estos días de furia, de manera que ha recurrido a la guasa en un intento postrero y desesperado de forzar al jefe para que le libere de la estéril responsabilidad en la que se encuentra metido. El vicepresidente no puede más y por eso no tiene reparo en reconocer públicamente la insana envidia que le corroe al comprobar que otros colegas en similar trance han corrido raudos a despojarse del cargo con no menos justicia. Es el caso de Mariano Bermejo, cuya dimisión forzada constituye todo un ejemplo a seguir para Solbes y, quizá, para el propio Zapatero.

El relevo en el Ministerio de Justicia ha abierto la veda de una crisis de Gobierno que los exegetas de Moncloa sitúan para antes del verano. Al margen del destino que pueda correr María Teresa Fernández de la Vega, cada vez más desgastada en el trono de su omnímoda vicepresidencia; ni que decir tiene que el premio gordo de la próxima lotería ministerial reside en el área económica, donde todos los observadores están ansiosos por descifrar el perfil y los galones que adornarán la figura del sucesor de Solbes.

La silla vacía de Pedro se puede convertir en un potro de tortura si Zapatero vuelve por sus fueros con una de esas ocurrencias fundamentadas en la parida de la igualdad o alguna otra jaimitada por el estilo. Por fortuna y al decir de sus más cercanos colaboradores, el presidente ha escarmentado del modelo personalista que impulsó algunos nombramientos fallidos y ha elevado consultas para asegurar un mínimo de respaldo a ese futuro ministro que debería llegar al cargo con algún pan debajo del brazo. La camarilla de ilustres empresarios que rodean a Zapatero ha emitido sentencia y ha rechazado las opciones del delfín Sebastián como máximo responsable de una política económica que, en las actuales y graves circunstancias, deberá ser orientada en el mayor de los acuerdos con el resto de las fuerzas políticas y de todos los agentes sociales del país.

A partir de esta premisa y de este descarte surge con fuerza la posibilidad de reeditar el patrón de búsqueda experimentado en el Ministerio de Justicia. La designación de Francisco Caamaño ha roto los esquemas de los últimos gobiernos socialistas porque el síndrome de la necesidad ha prendido en Zapatero, quien se ha visto obligado a tirar de banquillo para resolver un problema de causa mayor con una inusitada promoción interna. Es la primera vez que algo así ocurre y no sería la última si David Vegara hace buenos los pronósticos de los muchos que le quieren y los menos que todavía le ven como titular de Economía.

El número dos de Solbes, actual secretario de Estado, enarbola una bandera de continuidad que favorece muy poco las expectativas del Gobierno, impelido a un giro de estrategia para adaptarse al nuevo teatro político de operaciones surgido tras las recientes elecciones del país Vasco y Galicia. El líder socialista no va a tener más remedio que aceptar el legítimo descaro de Patxi López para gobernar Euskadi si quiere resarcir a sus bases de la derrota sufrida por Pérez Touriño a manos del próximo presidente popular de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. El cambio de cromos, desde la Plaza del Obradoiro al palacio de Ajuria Enea, otorga un cierto resquicio para blanquear la sonrisa forzada pero destruye toda esperanza de pacto con el PNV de cara al debate presupuestario del próximo otoño. El PSOE deberá tentarse la ropa antes de rendir cuentas en el Congreso, lo que obliga a un cambio radical de política, pactos y rostros para abordar el desafío de la recesión en su año cumbre de 2010.

La coyuntura política ha agravado la crisis estructural y ahí le duele a Zapatero, que ahora precisa a su lado una figura de prestigio que concite adhesiones a diestro y siniestro del arco parlamentario, un lobo de mar capaz de reflotar la cáscara de nuez que representa España en medio de la gran tormenta económica. A modo de paradigma, un Fuentes Quintana sin mayores pretensiones de carrera política pero dotado con la empatía y los poderes suficientes para sentar cátedra en cuestiones tan esenciales como la financiación autonómica, la estabilidad presupuestaria, la reforma del mercado laboral y, en definitiva, la revisión del arcaico e ineficaz modelo de crecimiento económico. Más que una cara nueva, el Gobierno lo que necesita es un ministro que quiera ejercer su responsabilidad con todas las consecuencias y para todos los públicos buscando el consenso indispensable para convertir la crisis en una verdadera cuestión de Estado. Alguien que se lo crea y que no haga chistes con el cargo. Que no están los tiempos para bromas y con las cosas de comer no se juega.