Fuenteovejuna, de vacaciones

Por Luis Ignacio PARADA
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¿Quién tiene la culpa de que las carreteras no estén preparadas para dar paso a cientos de miles de automovilistas que han decidido irse de vacaciones el mismo día y a la misma hora? ¿Quién es el responsable de que una festividad religiosa se haya convertido en semana y media de asueto en el mar o la montaña? ¿Tendrán que decidir los legisladores si las matrículas pares salen por la mañana y las impares por la tarde, si los menores de 40 años lo hacen lunes, miércoles y viernes, y los mayores, los martes, jueves y sábados? ¿Tienen la culpa los talleres que nos arreglaron el coche el último día, los hombres del tiempo que nos previnieron de los chubascos, los jefes condescendientes que miraron hacia otro lado cuando escapamos como alma que lleva el diablo? La culpa es de todos. Dirigiéndose al Rey don Fernando, Lope de Vega hace decir al Juez que, en 1476, investigaba la muerte del tirano comendador Fernán Gómez de Guzmán: «A Fuenteovejuna fui / de la suerte que has mandado y con especial cuidado y diligencia asistí. Haciendo averiguación / del cometido delito / una hoja no se ha escrito / que sea en comprobación / porque conformes a una / con un valeroso pecho/ en pidiendo quién lo ha hecho / responden: “Fuenteovejuna”». No es fácil rastrear las razones psicológicas y socioeconómicas que están detrás de la estampida. El Juez del Fénix de los Ingenios diría: «Y pues tan mal se acomoda / el poderlo averiguar/ o los has de perdonar / o matar la villa toda».