El fin de la «flotilla de la libertad»

Aunque moleste a los podemitas judeófobos, Israel sigue siendo el mejor aliado de Occidente

Ramón Pérez-Maura
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Después de días sufriendo la desinformación habitual sobre las circunstancias de la «Flotilla de la Libertad», que se puso ese nombre para realizar una misión de agresión a Israel y garantizarse los titulares en los medios de comunicación cuando fueran detenidos, el jueves pasado tuvimos la explicación perfecta de a quién están ayudando esos «voluntarios» internacionales. Durante meses, los agitadores de la flotilla han recorrido las costas europeas haciendo su propaganda en favor de los terroristas de Gaza. Partieron de Bergen, Noruega, el 30 de abril. Según su propia valoración, el material que llevaban costaba entre 10.000 y 15.000 euros. Y para eso fletan un barco en la otra punta de Europa. La falta de sentido común en la operación logística es la mejor prueba de que aquí no había ninguna intención humanitaria. Éste no es más que un perfecto ejemplo de propaganda política para ser comprada por los periodistas becarios que están haciendo sus primeros pinitos profesionales en verano.

Como es lógico, las autoridades israelíes detuvieron a los tripulantes de ambas embarcaciones, el Al-Awdah noruego y el Freedom sueco. Entre ellos, y no por casualidad, iba un periodista de la cadena de propaganda iraní Hispan TV, Ian Díaz Young. Ésta es la emisora televisiva que ha tenido como estrella a Pablo Iglesias, empleada por el régimen de los ayatolás para intentar socavar la democracia occidental.

Esa franja de Gaza a donde la «Flotilla de la Libertad» iba supuestamente a ayudar, es el lugar desde el que el pasado miércoles se dispararon 180 proyectiles contra zonas residenciales israelíes y el jueves otros 150. El ataque estuvo rigurosamente dirigido contra población civil, lo que, como todo el mundo sabe, es un crimen de guerra. Pero es más bonito jalear la «Flotilla de la Libertad» que contar a qué se dedican los beneficiados con su propaganda. Hay que evitar que se sepa que en los últimos meses se han arrasado 2.600 hectáreas de territorio israelí con bombas incendiarias.

Como es lógico, Israel ha tenido que defenderse. Porque por más que la propaganda de Hamas diga otra cosa, Israel sólo responde a los ataques recibidos. Ha atacado la sede central de Hamas en Jabalia, puestos avanzados de esta organización y sus complejos militares. Desde que Hamas tomó el poder en Gaza en 2006, ha disparado unos 18.000 proyectiles contra territorio israelí. ¿Puede alguien imaginarse vivir bajo esas condiciones? Israel abandonó la franja en 2005. Y lo hizo de forma unilateral. La realidad ha sido que los palestinos tienen dos gobernantes diferentes en sus territorios de Cisjordania y Gaza. Y los de Gaza están sometiendo a su población a una vida infernal a causa de sus constantes ataques a sus vecinos. Ataques que incluyen a Egipto, que con frecuencia cierra su frontera para defenderse de las hostilidades de Hamas.

Así que no haya lugar a dudas ni a la intoxicación informativa. La «Flotilla de la Libertad» que hemos visto jaleada en tantos medios de comunicación no tenía ningún fin humanitario, sino exactamente lo contrario. Era un instrumento de propaganda de una organización terrorista que comete crímenes de guerra de forma ininterrumpida desde que tomó el poder hace doce años. Y aunque moleste a los podemitas judeófobos, la realidad es que Israel sigue siendo el mejor aliado de Occidente en Oriente Medio. Es nuestra cabeza de puente en una región en la que sólo hay una democracia digna de ese nombre: el propio Israel. Conviene entender que la supervivencia y prosperidad de Israel va en interés nuestro casi antes que en interés de los ciudadanos del Estado de Israel.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura