El fenónemo Harry Potter

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Ha llegado ya a las pantallas españolas la película «Harry Potter y la piedra filosofal», convertida desde su estreno en Gran Bretaña hace unas semanas en un fenómeno de desorbitadas dimensiones. Un simple repaso a las cifras da idea del acontecimiento: en Estados Unidos, el filme recaudó en sus primeros diez días de exhibición alrededor de 187 millones de dólares (casi 35.000 millones de pesetas); en Gran Bretaña se han superado los cuarenta millones de dólares (más de 7.000 millones de pesetas); y las taquillas del resto de los países donde se ha presentado ya la cinta de Cris Columbus presentan también cantidades más que respetables. Y su página web recibe cada día más de 10 millones de visitas.

No es infrecuente en el mundo del cine asistir a fenómenos de estas características. El revuelo ocasionado hace algo más de dos años, por ejemplo, por la última entrega de «La guerra de las galaxias», «La amenaza fantasmas», fue de proporciones similares, y no hay que ser adivino para saber que el estreno de «El señor de los anillos» provocará también algaradas en las puertas de los cines y motivará una ingente cantidad de material informativo. Las grandes productoras cinematográficas invierten cada vez más en la promoción de sus películas, porque han comprendido su extraordinaria importancia, y asaltan materialmente los medios de comunicación (especialmente las televisiones) con un constante bombardeo de imágenes a las que es prácticamente imposible abstraerse.

El caso de Harry Potter es, sin embargo, absolutamente único, porque la película reproduce el éxito logrado por las novelas de la británica Joanne Kathleen Rowling, creadora del personaje del niño mago. Si en el cine hay más elementos racionales para explicar un fenómeno de estas características, en el mundo literario no resulta tan sencillo. ¿Por qué han alcanzado las novelas de Harry Potter los cien millones de ejemplares? ¿Qué hace que se hayan traducido a más de cuarenta idiomas? La respuesta no está en la calidad -nunca ha sido un factor de éxito en la literatura-, ni en la difusión ni en el apoyo de la crítica. Puede haber algo de cada uno de estos elementos, pero la respuesta del público escapa a toda explicación lógica.

En torno al fenómeno Harry Potter se ha creado un interesado y decepcionante marasmo publicitario y mercantil; pero también han generado una sana polémica en la que han entrado figuras como José Saramago y Umberto Eco. Y, lo que es más importante, las novelas de J. K. Rowling han seducido a miles de niños (y no tan niños) de todo el mundo, que han descubierto en sus imaginativas aventuras el placer por la lectura y han abandonado, aunque sea sólo temporalmente, videoconsolas y pantallas.