Alberto Núñez Feijóo durante una rueda de prensa
Alberto Núñez Feijóo durante una rueda de prensa - ABC
EDITORIAL ABC

Feijóo y la política de Estado

La idea de la «gran coalición» es tan atractiva por su patriotismo como arriesgada por su capacidad para, ante su fracaso, hacer culpables a quienes no lo son

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El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, desgrana hoy en ABC toda una declaración de principios sobre el protagonismo que debería tener el PP en la actualidad. Desde la fortaleza gallega, donde los populares conservan su única mayoría absoluta autonómica, Feijóo ofrece ideas diversas para el futuro del PP, pero entre todas destaca una, hoy inviable, que mueve más a la utopía que a la política activa. El presidente gallego no esconde su preferencia por un pacto entre el PSOE y el PP para desatascar la legislatura y evitar la celebración de elecciones. Es la fórmula de la «gran coalición» que suelen aplicar democristianos y socialdemócratas alemanes para evitar depender de los partidos de extrema izquierda y extrema derecha. Antes juntos que depender de radicales. La idea de la «gran coalición» es tan atractiva por su patriotismo como arriesgada por su capacidad para, ante su fracaso, hacer culpables a quienes no lo son. El propio Fejóo reconoce que el pacto del PSOE en Navarra con nacionalistas y proetarras fue determinante para que no hubiera acuerdo entre ambas fuerzas políticas. Lo que no fue dicho pacto es una sorpresa, porque la tendencia del PSOE desde 2003 ha sido una constante opción por el acuerdo con los nacionalistas, sin distinción de radicalidad ni de pulsión separatista. Cualquiera valía como aliado con tal de ejecutar el pacto que realmente gusta al PSOE, el del Tinell, aquella alianza anti-PP fraguada con el separatismo catalán cuando los socialistas formaron gobierno en Cataluña. En efecto, Navarra fue la prueba de que este PSOE no tiene esos hombres de Estado a los que alude Núñez Feijóo en su entrevista, porque ningún dirigente socialista europeo pactaría con partidos golpistas, ni con formaciones separatistas que legitiman el terrorismo. Los socialistas españoles lo hacen. Nada más lejos de su intención que pactar con el PP una legislatura libre de influencias nacionalistas y populistas. Conviene recordar que la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy se hizo a costa de echar a Sánchez y porque el líder del PP no tenía opción de sumar una mayoría absoluta. Sánchez sí la tiene, pero no le gusta y quiere que el PP encubra su chantaje a Podemos.

También tiene razón Feijóo cuando afirma que el electorado del PP habría entendido la «gran coalición». Sin duda, porque el electorado de centro-derecha sigue instalado en la moderación y en la estabilidad nacional como prioridad. Si no fuera así, Patxi López nunca habría sido lendakari gracias a los votos del PP, un buen ejemplo despreciado por los socialistas navarros. Es deseable que se den las condiciones para que el bipartidismo salga al paso de la incertidumbre con acuerdos generosos y patrióticos. Pero quien prefiere a Junqueras y Otegui como socios nunca se sentirá emplazado a otra cosa que no sea el sectarismo.