Faena de aliño

M. MARTÍN FERRAND
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AFORTUNADAMENTE para José Luis Rodríguez Zapatero el pueblo español suele hacer alarde de desmemoria. Aquí, entre nosotros, el recuerdo es síntoma de mala educación y escasa cortesía. Por eso, y sin que arda Troya, puede reunirse un Consejo de Ministros y aprobar, sin que tampoco le tiemblen los pulsos a ninguno de sus integrantes, unas medidas contra la crisis, incrementos fiscales incluidos, que negaban hace sólo un par de días. Es un ejercicio de ridículo colectivo que pasará a los anales de la estupidez; pero que, entregados como estamos a la resignación y el pasotismo, no producirá mayores daños en las expectativas electorales del PSOE.

Al grito de ¡que paguen los ricos!, un anacronismo demagógico que sigue funcionando en España como testimonio de inmadurez política y social, el Gobierno subirá los impuestos a quienes los pagan; es decir, a quienes no son precisamente ricos. Si nos atenemos a los datos oficiales, sólo 13.000 españoles ganan más de 600.000 euros al año y pocos más de 700.000, según las declaraciones del IRPF superan ingresos de 60.000. A la vista de lo pobres que son nuestros ricos sólo nos queda rezar para que se multipliquen las vocaciones y crezca el número de las Hermanitas de los Pobres, la benéfica fundación de Jeanne Jugan, a quien no hace mucho canonizó Benedicto XVI.

Ayer, unos colegas le preguntaron a la vicepresidenta Elena Salgado: «¿Puede explicar cuáles son las rentas altas?». Sin inmutarse, como acostumbra, y con el desparpajo que sólo proporciona la impotencia, respondió mi paisana: «Evidentemente, no». ¿Quién puede explicar lo inexplicable? Zapatero, en temor reverencial a los sindicatos e incapaz de anteponer el interés de la Nación a sus deseos electorales, ha hecho una faena de aliño para sacudirse el morlaco de la crisis. Ha resuelto con un Consejo de Ministros y cuatro ideas huecas lo que le exigieron sus mayores en la Unión; pero esto es sólo el principio de una nueva etapa. Estamos en donde estábamos hace poco más de un año, cuando el propio Zapatero cantaba la fortaleza económica de España que él mismo había inducido. Y ahora ¿qué?

En estos días de mayo se cumplen 70 años desde que Winston Churchill reclamara a los Comunes sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Quítese hoy y aquí lo de la sangre, que no procede, y dense por reproducidas las palabras que, por cierto, el inglés tomó de Giuseppe Garibaldi.