Europa, Venezuela y la cobardía de Sánchez

La UE tarda demasiado en reconocer a Guaidó porque el presidente español rehúye cumplir con su deber

Isabel San Sebastián
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La Unión Europea dista mucho de ser perfecta. Le sobra burocracia, le falta agilidad, ha perdido buena parte del vigor económico y democrático que alumbró su nacimiento y, lo peor de todo, parece haberse dejado por el camino muchos de los principios del humanismo ilustrado que inspiraron a sus fundadores. La UE necesita profundas reformas capaces de convertirla en el espacio compartido de libertad y progreso que puede llegar a ser, que debe llegar a ser y será, si impedimos que acabe imponiéndose la eurofobia populista y/o ultranacionalista que asoma las garras de norte a sur y de este a oeste del continente, con distintos rostros y pretextos.

La Unión Europea no es perfecta, pero desde luego es infinitamente mejor

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