El estúpido error

EDURNE URIARTE
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Un medio de la izquierda titulaba ayer que el PP se «había sumado» a la declaración contra ETA del resto de los partidos. Que es, en materia de relación con la realidad, algo así como titular que el PP por fin ha reconocido la crisis económica que proclamaba Zapatero y la derecha negaba. La autocrítica de Iñaki Gabilondo afirmando que la apuesta por la negociación fue un inmenso error, un «estúpido error» es la honrosa excepción de un panorama en el que la mayor parte de la izquierda ha decidido liarse a tortas con los hechos. A ver si se rinden los hechos. Y una vez vencidos, los españoles acaben recordando que era Rajoy quien negaba la crisis económica y quien negoció durante tres años con ETA. Con Zapatero y los nacionalistas manifestándose en la calle con la AVT.

Esa es la sustancia política con la que el Gobierno se dispone a hacer frente a lo que los expertos policiales auguran como una dura ofensiva de ETA. De credibilidad comparable a la de combatir la crisis después de negarla durante un año. Tres en el caso del terrorismo, lo que convierte el «estúpido error» en un reiterado y terco despropósito.

Que duró tres años no porque Zapatero y Rubalcaba sean de una torpeza infinita sino porque lo suyo, el «estúpido error», era una apuesta ideológica. La apuesta por el acuerdo con los terroristas como medio mejor para acabar con la violencia. La desconfianza en el uso de la fuerza. El reconocimiento de un conflicto vasco.La idea de las dos partes. El conocido cóctel de la llamada solución política al terrorismo. Aquello de que la paz no tiene precio político, pero la política ayudará a la paz, dicho en términos zapaterianos.

Y los dos líderes que durante tres años hicieron esa apuesta ideológica nos dicen ahora que van a hacer todo lo contrario. Lo que defendían la derecha, el Foro de Ermua y la AVT. Que es como imaginar a Bush presidiendo la Alianza de Civilizaciones y a Donald Rumsfeld en la Comisión para el diálogo con el fundamentalismo iraní junto con, digamos, Federico Mayor Zaragoza.

Quien consiga imaginar lo de Bush y Rumsfeld, podrá creerse lo de Zapatero y Rubalcaba.