Esto es un tiempo de jeremiadas

El profeta Jeremías pronosticó, 2.700 años atrás, males para su pueblo de Judea

POR FERNANDO GONZÁLEZ URBANEJA
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El profeta Jeremías pronosticó, 2.700 años atrás, males para su pueblo de Judea y para Babilonia. Por eso fue perseguido, aunque advertía que volver a la virtud traería nuevos tiempos de felicidad.

Además de su contribución a la Biblia, también contribuyó al lenguaje. Un «jeremías» es alguien que tiende a lamentarse y que advierte de males por venir. No es un cenizo, un agonías, pero se le parece. Y de Jeremías viene «jeremiada», que el diccionario describe como «lamentación o muestra muy exagerada de dolor».Estos días han sido propicios a jeremiadas a cuenta de la evolución de las Bolsas. Unos para buscar culpables, chivos expiatorios con quienes excusarse, ora las agencias de «rating», ora los bancos centrales y los supervisores.

Y no han faltado titulares emocionantes, épicos, que no se han resistido a conceptos como «pánico», «crack»... sin entrar en detalles acerca de su significado.

Para que existan situaciones en las Bolsas que merezcan el uso de esas palabras se requiere, cuando menos, que los vendedores no encuentren contrapartida compradora y que las caídas de las cotizaciones sean sustanciales, de no menos del 10%. Pero ni lo uno ni lo otro.

El jueves pasado, cuando los mercados europeos ajustaron entre el 3% y el 4%, el principal índice norteamericano, el Standard&Poor 500, registró una subida del 0,32% y el cierre de la semana no andará muy lejos de la apertura. Así que el «crack» puede que llegue, pero todavía no lo ha hecho. Ni en los Estados Unidos ni en los otros grandes mercados europeos y asiáticos.

En los mercados de valores estos días no ha pasado nada extraordinario, el mercado ha funcionado con regularidad, ha permitido la formación de precios en todo momento y ha propiciado que compradores y vendedores vieran satisfechos sus deseos. La caída de precios, en torno al 2% en la semana, no revela nada más allá que un ajuste para el que sobran explicaciones.

El llamado «efecto mariposa», la concatenación de acontecimientos y causalidades, se ha manifestado una vez más, y en sus efectos positivos, ya que al extender los riesgos y las oportunidades también las difumina en cuanto a sus consecuencias.

Lo más relevante de estos días es el riesgo crediticio, la lección de estos días es que alegrías crediticias... las justas, y que al disipar el riesgo tiene que ir bien trazado, es decir, con explicaciones de su origen, del viaje que lleva hecho y de las garantías que arrastra el mismo.

A los bancos centrales les ha preocupado el riesgo de colapso o de insuficiencia en el mercado interbancario, que por falta de disponible alguna entidad financiera diera un tropezón y un espectáculo. La factura hay que pagarla y pronto, antes incluso de determinar a quien hay que pasarle el cobro último.

Antes de dejarse llevar por jeremiadas, conviene detectar y describir el problema, no vaya a ser que las soluciones estén al alcance de la mano, sin armar demasiada bronca. Aunque en agosto cualquier cosa vale para títulos emocionantes.