Vista general del hemíciclo del Congreso de los Diputados
Vista general del hemíciclo del Congreso de los Diputados - EFE

A la espera del diputado iraní en las Cortes

Los iraníes pueden hacer una visita de trabajo y negarse a dar la mano a las mujeres para no ser contagiados por la posible impureza transitoria de una fémina que esté teniendo el periodo

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Lo que ha ocurrido en las Cortes el martes por la tarde, con la presidenta de la Cámara aceptando que una visita iraní impusiera su protocolo, demuestra que estamos en manos de políticos absolutamente hipócritas. El feminismo de Meritxell Batet y compañía es de usar y tirar. Los iraníes pueden hacer una visita de trabajo y negarse a dar la mano a las mujeres para no ser contagiados por la posible impureza transitoria de una fémina que esté teniendo el periodo. Y se lo tragaron. Ni una mínima muestra de indignación.

Lo que sorprende a muchos es que el grupo parlamentario de Vox, tan machista él, haya sido el que ha acudido en socorro de las mujeres. Eso rompe el torticero guión fijado por algunos. Por algunos mentirosos.

Y lo que no podrá sorprender a nadie es que no hayamos oído una denuncia de Pablo Iglesias a la actuación de los iraníes. Él es su diputado residente en las Cortes y no puede permitirse la más mínima crítica. Tiene demasiadas cuentas pendientes. Todavía más humillante para todas las mujeres españolas es que Irene Montero y sus compañeras de escaño tampoco hayan salido a denunciar el horrible machismo que sufren todas las mujeres iraníes y del que hemos tenido una muestra incontestable hoy en el Congreso de los Diputados. La sede de la soberanía nacional. Y Batet, tercera autoridad del Estado, silbando en la ventana. Esto no iba con ella.