España, otra vez a la cola en educación

LOS informes internacionales en materia de educación arrojan una y otra vez malos resultados para los estudiantes españoles. El reciente informe Pirls revela que nuestros escolares de cuarto de

Actualizado:

LOS informes internacionales en materia de educación arrojan una y otra vez malos resultados para los estudiantes españoles. El reciente informe Pirls revela que nuestros escolares de cuarto de Primaria -es decir, niños entre 9 y 10 años- son los cuartos peores de Europa en comprensión lectora y que tres de cada diez niños no entienden bien lo que leen. Por su parte, el conocido informe Pisa, en su versión de 2006 que ayer presentó la ministra de Educación y Ciencia, refleja de nuevo que los españoles de cuarto de ESO se estancan en el estudio de las ciencias, ocupando un discreto puesto 31 de un total de 57 países evaluados, con un porcentaje inferior en 12 puntos al fijado por la OCDE. Lo mismo ocurre en capacidades de lectura, en las que estamos 31 puntos por debajo de la media, con el agravante de que hemos sufrido el mayor deterioro en este terreno entre todos los países de la referida organización. Los datos son inapelables y vienen a confirmar una tendencia prolongada en el tiempo. Algo falla en el sistema educativo español, alterado siempre por criterios coyunturales y partidistas ante la desmoralización de la comunidad escolar. Padres, titulares de centros, profesores y alumnos son víctimas de una o de otra manera del desconcierto que afecta a los responsables de la política educativa. Ayer mismo, Mercedes Cabrera era incapaz de ofrecer respuestas razonables ante la contundencia de los datos y, peor todavía, el propio Rodríguez Zapatero insistía en la práctica de esa ridícula oposición «retrospectiva» con la que pretende justificar todos sus errores. Ahora resulta que, según el presidente del Gobierno, la culpa la tienen las leyes anteriores, como si después de cuatro años en el poder el PSOE pudiera quitarse de encima la responsabilidad con argumentos tan peregrinos.

Nuestro sistema educativo necesita una fuerte dosis de sentido común. Es imprescindible alcanzar un pacto de Estado, vertebrar las enseñanzas básicas en el conjunto de España y legislar menos pero de forma más racional. Los planes de estudios deben plantearse a largo plazo y los métodos educativos han de inspirarse en criterios que funcionan bien en otros países y no en las ocurrencias ocasionales del político de turno. El premio a la excelencia y al esfuerzo y el orden en las aulas son elementos indispensables para volver al buen camino, frente a la demagogia y el falso igualitarismo, que perjudican a los estudiantes con menos recursos económicos. Nos hemos acostumbrado ya a viajar en el furgón de cola del informe Pisa y otros análogos, pero éste es un lujo que no nos podemos permitir en una sociedad globalizada y competitiva, donde cada día cuenta más la capacidad para ofrecer un buen nivel de formación. Tal vez hay asuntos más urgentes, pero quizás ninguno es tan importante para el futuro de la sociedad española como encauzar por vías razonables el rumbo de un sistema educativo a la deriva.