Una raya en el agua

El escorpión

El separatismo lleva en el ADN la deslealtad y el sabotaje. Quizá Sánchez lo entienda, como Azaña, demasiado tarde

Ignacio Camacho
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En el escenario madrileño de La Abadía, ante una papelera y tres sillas, el gran José Luis Gómez pone voz estos días a aquellos textos doloridos de Manuel Azaña en los que el impulsor del primer estatuto de Cataluña constataba con vencida amargura la deslealtad «y la felonía» del nacionalismo. «Yo confiaba, confié...», se oye decir al fantasma del gran político liberal de izquierdas, que desde su tardío desengaño lamenta la doble traición del separatismo a la República: una insurrección y una guerra civil interna superpuesta a la que ensangrentó a España entera. El actor va arrojando los papeles de los discursos al suelo y a una cesta que, al final de la representación, arde como una desconsoladora metáfora de

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