Entre Don Quijote y Sancho Panza

VEA vuesa merced que no son unos viandantes cualesquiera, sino los Príncipes de

BLANCA TORQUEMADA
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VEA vuesa merced que no son unos viandantes cualesquiera, sino los Príncipes de Asturias quienes se acomodan entre el Hidalgo y Sancho, en una etapa más de su periplo por las inmediaciones de Madrid, esta vez en el solar cervantino de Alcalá de Henares. Más de claro en claro que de turbio en turbio (aunque la permanente exposición pública ocasione algunos disgustos, cíclicamente) Don Felipe y Doña Letizia van consolidando su rodaje, en una relación con los ciudadanos cada vez más afianzada, cálida pero sin ñoñerías y sin excesos populacheros.

Don Quijote, con su actitud ampulosa, parece haber llegado tarde en esta imagen al cortejo de una dama (la Princesa), que ya optó por su caballero andante: un hombre sensato llamado a ser Rey de los españoles, y no de la ínsula Barataria, la quimera de ese ingenuo Sancho «sentado» junto a él. Con los pies en el suelo, los Príncipes son conscientes de que para esta vieja nación europea no hay hoy mejor bálsamo (no el de Fierabrás, precisamente) que la estabilidad de la Institución a la que representan. ¡Ah!, y el miércoles llevarán a Doña Leonor ante la Virgen de Atocha. Como tiene que ser.