Enmienda a la totalidad

La proclama republicana de Iglesias demuestra que su objetivo no es la reforma del sistema sino su abolición

Ignacio Camacho
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Por si no había quedado claro en octubre del pasado año, cuando Felipe VI frenó el desafío separatista catalán casi por su cuenta, el aniversario de la Constitución demostró ayer que la monarquía parlamentaria es el último dique de preservación de la convivencia. Y no tanto por la mayoría social que la apoya en el Congreso, en la calle y en las encuestas, sino por la visible diana con que la han marcado los nacionalistas y la extrema izquierda. De vez en cuando hay que agradecerle a Pablo Iglesias que abandone los eufemismos para expresar en su lenguaje rupturista lo que realmente piensa y que se muestre sin tapujos como lo que es: un dirigente antisistema. Su explícito pronunciamiento republicano

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