Ramón Pérez Maura

Emperador y Rey

Ramón Pérez Maura
Actualizado:

Nadie puede sentirse sorprendido por las críticas que ha recibido la serie «Carlos, Rey Emperador» que esta semana terminó de emitir TVE. En la sociedad del twitter y los «memes» hay que estar muy sobrado para pretender que la audiencia sea capaz de seguir la trama de un imperio que se mueve simultáneamente de Tordesillas, Sevilla o Granada a Flandes, Windsor, los castillos del Loira, la Roma del Papa o la Veracruz mexicana de Cortés. Confieso que empecé a contemplar la serie con enorme escepticismo tras las bien argumentadas críticas expuestas por mi admirado Serafín Fanjul en la Tercera de ABC del pasado 13 de noviembre. Mas vista la serie en su totalidad, no comparto la descalificación.

Es cierto que buena parte de los actores no ameritan mayor reconocimiento por sus interpretaciones. Que ver a Juanjo Puigcorbé interpretando a un devoto servidor del Emperador en los ratos que le deja libre su batalla por la izquierda republicana en el ayuntamiento de la Barcelona actual le revuelve las tripas a cualquiera. Que en verdad la selección de unos y otros episodios históricos es cuestionable y la intensidad de las relaciones íntimas de Carlos con personajes como su abuelastra Germana de Foix parece agrandada a mayor gloria de las escenas de alcoba. Y aún así...

Yo creo que en este país en el que hay tantos poniendo todo su empeño por hacerse con el poder aún a costa de llevarse por delante la unidad de España, tantos que no serían capaces de arriesgar la integridad de la uña de su dedo meñique por plantar cara a quienes niegan la esencia de lo que es España, tantos que desprecian lo que representa la figura del Rey de España precisamente porque saben bien que el Monarca encarna la unidad de la patria, ver diecisiete capítulos de 75 minutos en prime time sobre uno de los pasajes más gloriosos de la Historia de España es algo, que con errores incluidos, es infinitamente más enriquecedor que cualquiera de las bazofias que habitualmente emite el duopolio televisivo que nos ha procurado el Partido Popular, tanto en los Gobiernos de José María Aznar como en el de Mariano Rajoy.

Tantos analfabetos como hay en las Españas, que niegan la existencia plurisecular de este Reino, podrían caerse del caballo sólo con ver en esta serie cómo el César Carlos, coronado Emperador por el Papa, decide que el mejor de sus legados sea para su hijo Felipe: las Españas, América, Nápoles, Flandes, el Toisón de Oro... E investido de la capacidad de imponer a los Príncipes Electores quién sería el nuevo Emperador, encasqueta esa tortura a su hermano Fernando. Las Españas, esa evidencia que tantos gustan negar, eran mucho más que el Sacro Imperio Romano de la Nación Germánica. Pero aquí todavía hay quien no se entera. Ni aunque esta serie tenga una productora... catalana.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura