Elegancia y generosidad

Por SANTIAGO GRISOLÍA
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El día 20 de mayo se celebró un homenaje más que merecido a la memoria del doctor César Milstein, Premio Nobel de Medicina o Fisiología y uno de los ya 34 galardonados que pronuncian anualmente la «Lección Conmemorativa Jiménez Díaz»; y a la del doctor Francisco Vivanco, fallecido este año, que fue uno de los más leales discípulos de don Carlos Jiménez Díaz.

Mi amistad con don Carlos empezó el año 49, cuando después de pasar varios años en los Estados Unidos, regresé a leer mi tesis y ver si encontraba un puesto de trabajo. Don Carlos fue el presidente del Tribunal de Tesis y cuando supo que yo había trabajado con el profesor Ochoa, que fue jefe de su sección de Fisiología antes de la guerra, me trató desde entonces con gran afecto. Don Carlos tuvo siempre gran afición a la Bioquímica y es poco conocido que inmediatamente después de ganar su primera cátedra que fue de Pediatría, siendo muy joven, marchó a Alemania para trabajar con Leonor Michaelis, uno de los grandes físico-químicos de la época y cuya ecuación es usada por todos los enzimólogos.

Años después de su muerte, hablando con Alberto Sols, le recordaba al tiempo que caminábamos hacia la clínica, cómo las memorias son cortas y quizás lo que verdaderamente se recordaría de don Carlos sería la «Lección Conmemorativa Jiménez Díaz», de la que hablaremos más adelante. Sols no lo creía pero desgraciadamente pocos se acuerdan en la clínica de este gran hombre que revolucionó la enseñanza de la medicina basada en la investigación, y creó la clínica de Nuestra Señora de la Concepción, conocida como «La Concha».

Además, recientemente y poco después de que yo dimitiese como vicepresidente del Patronato de la Fundación Jiménez Díaz, la clínica se ha comprado, al parecer, por un grupo americano y por tanto creo que mi predicción estaba en lo cierto.

Quien siempre recordó a don Carlos fue el doctor Francisco Vivanco, quien aparte de su categoría como investigador, excelente políglota, poeta, etcétera, fue una persona entrañable, en gran parte responsable y primer presidente de la «Lección Conmemorativa Jiménez Díaz». Esta Lección surgió como consecuencia de la propuesta que hice cuando siendo invitado por don Carlos a dar una conferencia en su clínica, la clínica de la Concepción, me enteré de su muerte en el avión volando desde Estados Unidos a Madrid; la razón principal de mi viaje era traer a mi hijo mayor, James, que por entonces tenía 14 años, a que pasara el verano con mis padres y aprendiese castellano. En este viaje a mitad de vuelo se anunció la muerte de un gran y distinguido médico español, insólito hecho sobre todo en aquella época en la, que yo recuerde, sólo volaba a España la compañía TWA.

Aunque no dijesen su nombre poco podía yo dudar de quién se trataba. Durante una cena que tuve al poco de llegar, expresé mis condolencias a mis amigos de la clínica, entre los que se encontraban los tres sobrinos de don Carlos y/o de su esposa, Mariano Jiménez Casado, Pedro y Gregorio Rábago y naturalmente pensé en no dar la conferencia pero ellos insistieron en que la diese. Durante ésta se me ocurrió sugerir el que se celebrara una Lección Conmemorativa anual, coincidiendo con la fecha de la muerte de don Carlos. Esta sugerencia se aceptó con entusiasmo por los entonces colaboradores de don Carlos y al año siguiente se celebró la primera Lección organizada y patrocinada por la clínica, y naturalmente se invitó a que la diera a don Severo Ochoa.

Para entonces ya estaba bastante enferma Conchita, esposa de don Carlos, a quien visitó don Severo. A Conchita le agradó mucho la idea de una Lección Memorial y decidió hacer un legado creando la Fundación Conchita Rábago de Jiménez Díaz, con la misión principal de mantener y dar esplendor a la Lección Conmemorativa en nombre de su marido y también dar becas para promover la investigación médica.

La Lección ha sido un éxito, la han dado grandes científicos, incluyendo también un número muy elevado de Premios Nobel, así como varios que no eran Premio Nobel cuando dieron la Lección y lo fueron después. Vale señalar que el comité que se creó aceptó todas las sugerencias que tanto el doctor Vivanco como yo hicimos y recogió por escrito el doctor Enrique de la Morena.

Durante unos 30 años la Lección contó con doña Pilar Vivanco, que hasta la enfermedad del doctor Vivanco se encargaba con gran eficacia de muchos detalles con la ayuda, claro está, de Marta Jiménez, hoy alma de la Lección.

El doctor César Milstein, Premio Nobel a quien me he referido anteriormente, dio la Lección en 1981. Nació en Argentina, pero se nacionalizó británico. Su descubrimiento, junto con el doctor Kohler de los anticuerpos monoclonales utilizando la inmortalidad de las células tumorales, ha sido uno de los grandes hitos de la medicina experimental moderna.

El profesor Milstein tuvo gran interés en la Lección. Como es preceptivo vino cinco años a las reuniones de Patronato y propuso a excelentes conferenciantes. Lo pasó muy mal, durante la guerra de Las Malvinas, pues, como he indicado,  nació en Argentina. La anécdota, una de las muchas que compartimos, y que parece increíble, es que su encantadora esposa, Celia, también una excelente bioquímica, perdió su puesto cuando le concedieron el Premio Nobel al profesor Milstein. A su regreso de Estocolmo el director del departamento les reunió y les dijo que después de la concesión del Premio estarían muy bien económicamente pero que el departamento no, por lo que Celia debía dimitir. Que yo sepa es la única concesión de un Premio Nobel que haya tenido consecuencias negativas. Poco después, Celia, naturalmente, obtuvo otro puesto de trabajo.

Mi último contacto con César fue a principios del pasado enero cuando le invité a que participase y presidiese una gran reunión con el título: «Nuevas Perspectivas en el cáncer para el siglo XXI», que va a tener lugar en noviembre de este año en Valencia, patrocinada enteramente por el doctor José Gómez Mata, patrono de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, como homenaje a su difunta esposa.

Es por todo lo que cuento, más que lógico, el que coincidiendo con la Lección Conmemorativa de este año, que la dio Mariano Barbacid, se celebrará este doble homenaje a estas dos grandes personalidades que algunos hemos tenido la suerte de conocer y querer, y también recordar la generosidad de don Carlos y especialmente de su esposa, puesto que, como menciono en este artículo, hay ejemplos de generosidad que en ocasiones, desgraciadamente, no son lo suficientemente conocidos por la sociedad.