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EDITORIAL ABC

La economía europea, en problemas

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Europa todavía se recupera de la grave crisis de deuda que puso en cuestión la arquitectura de la zona euro, pero, lejos de experimentar un fuerte crecimiento económico, se sumerge en una nueva etapa de debilidad cuyas consecuencias acabarán afectando, en mayor o menor medida, a todos los países de la UE, incluida España. La OCDE rebajó ayer de forma sustancial el aumento del PIB previsto para la eurozona, hasta situarlo en el 1 por ciento en 2019, ocho décimas menos que su anterior pronóstico. La peor parte se la llevará Italia, que este año cerrará en recesión, pero el escaso avance de Alemania, con apenas un 0,7 por ciento, y el crónico estancamiento de Francia dibujan un panorama económico sombrío a corto y medio plazo. Los problemas que atraviesa la industria de la automoción para adaptarse a los nuevos estándares de emisiones, la incertidumbre del Brexit y la desaceleración de la economía mundial explican, en parte, la mayor fragilidad del continente europeo.

Por el momento, España aguanta el tirón, dado que seguirá creciendo por encima de la media comunitaria, evidenciando, una vez más, que las reformas aprobadas por el anterior Gobierno del PP han funcionado para sacar al país de la crisis, pero los riesgos siguen latentes. En primer lugar, porque el Ejecutivo de Pedro Sánchez pretende anular buena parte de las mejoras que ha registrado la economía española en los últimos años a base de contrarreformas y un disparatado aumento del gasto público con fines electoralistas. Y, en segundo término, porque la debilidad de Europa también pasará factura al PIB español y a la creación de empleo si no se inicia una nueva senda reformista que, bajo el mandato de Sánchez, ni está ni se espera.