El Ebro y la cuesta de abril

LOS españoles le hemos cogido gustillo a la cuesta. Teníamos poco con la de

Por Roberto Pérez
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LOS españoles le hemos cogido gustillo a la cuesta. Teníamos poco con la de enero que hemos decidido colocar otra, y gorda ella, en abril. Y otra más en septiembre, o en agosto, o en julio, a gusto del consumidor. No ahorramos ni a la de tres. La Semana de Pasión la hemos acabado tomando al pie de la letra y el vía crucis de la tarjeta de crédito, de las cuentas, del bolsillo en pepitoria, ha salido en procesión.

Somos unos irredentos víctimas del vecindario. Porque si el del quinto se larga con el coche a reventar camino de la playa, a ver por qué un servidor se va a quedar pensando en la hipoteca de marras.

España es una verbena que reedita tradiciones. Antes las procesiones iban entre calles, ahora van por autovía, por autopista o por carreteras de esplendor con horizonte playero. Y que no digan que no hay fe, que si algo queda estos días es de eso, y mucho. Fe en el sol que no se asoma; fe en que la cuenta se multiplique a ritmo de milagro de pan y peces; fe en llegar a fin de mes. Y, de camino, si hay atasco de los gordos, a repasar el santoral, aunque sea con palabras subiditas de tono.Dios proveerá, que andamos de milagro en milagro.

El Ebro dejó otro esta semana: la Expo no se inundó. Porque en España somos así, de tontadicas las justas. Si hay que hacer una Expo sobre agua, levantémosla en el Ebro. Y si el Ebro se desboca, es que es eso, un gran río. Este milagro es como el de San Babil, patrono de la zaragozana Illueca, cuna del Papa Luna. Cuenta la tradición que se escapó la campana en un volteo y con la plaza a reventar, pero no mató a ninguno del pueblo; dos víctimas, sí, pero las dos forasteras.

En el caso del Ebro, el «milagro» político, al estilo de San Babil, se ha cebado en forasteros: en Novillas, Pradilla, Gallur o Boquiñeni, aguas arriba. Arriba, en las alturas; lo dicho, milagro puro. Eso sí, los hay que se acuerdan de la madre, del padre, de la abuela y del gato del político de turno. Desagradecidos ellos, que no entienden que sin limpiar el cauce se reactiva el turismo. Basta con sacarle partido. El lema está servido: Egipto, en tierra baturra. Cada tres años, un Nilo.