Un duro para Rubalcaba

A todo «hombre de Estado» se le perdonan estos pecadillos de poca monta, con tal de que los cometa en beneficio de su partido

Juan Manuel de Prada
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

César González-Ruano designaba jocosamente como «semana del duro» esa porción de tiempo en la que el muerto ilustre disfruta de una calderilla de gloria en los periódicos, antes de ingresar en las mazmorras sin ventilación del olvido. Durante esta semana del duro, el muerto ilustre vuelve a cotizar en la bolsa de la consideración; y, mientras arrecian los epicedios sobre su cadáver, se desenmascara esa necrofagia tan española, que en vida del difunto se reconcome de envidia para luego transformarse, al olor de la cadaverina, en una efusión postiza y renegrida de la mala conciencia.

La muerte embellece una barbaridad, ablanda las reticencias y promueve una suerte de unánime simpatía hacia el difunto. Así, el político que en vida fue

Juan Manuel de PradaJuan Manuel de PradaEscritorJuan Manuel de Prada