Vidas ejemplares

Donald, Acosta, Lola y Ximo

EE.UU. nos sigue dando lecciones de limpieza democrática

Luis Ventoso
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En el cambio de siglo, el multimillonario Jeffrey Epstein, un brillante financiero judío neoyorquino, era lo que llaman un «amo del universo». Gozaba del favor y la admiración de la crema social. En una entrevista de 2002, otro magnate de Manhattan, un tal Trump, lo definió como «un tipo estupendo». Las fiestas en su isla privada caribeña eran sonadas: alto lujo, y como aliciente extra, siempre un ramillete de chicas muy hermosas, muy jóvenes y muy dispuestas a todo. Por allí pasaron un primer ministro israelí, Bill Clinton, Mick Jagger, el Príncipe Andrés de Inglaterra... La agenda de Epstein era conocida como «el santo grial», de tantos nombres VIP que acumulaba. Pero Jeffrey arrastraba una tara: su fijación sexual con

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