A doña Edurne Uriarte

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En la Tercera de ABC del pasado 21-10-2003 reflexionaba usted sobre las dificultades que tienen los políticos en su relación con nosotros, los ciudadanos.

Usted me convence sobre la necesidad del político profesional. Me convence usted sobre la incompatibilidad real entre el político profesional y cualquier principio democrático presentable hoy como el que usted menciona: gobierno del pueblo por el pueblo. Me convencen sus argumentos sobre la necesidad de que yo respete la actividad-profesión de los políticos. Pero no soy capaz de respetar a quien me deja ver que desmiente en su práctica los principios que él mismo me ha ofrecido.

Es natural que el político me mienta o me oculte lo que hace y lo que le gusta. No le elegiría yo si me mostrara su realidad obligadamente incompatible con los principios según la tesis de usted. No sería entonces bueno ni malo, simplemente no sería. Para ser, el político tiene que mentirme. A ello contribuye más mi insuficiencia como ciudadano en democracia que la suya como profesional. Yo no suelo cumplir mi papel en la democracia que, como mínimo, es elegir bien tras haberme informado bien de la realidad de cada uno. Sólo veo lo que me ponen ante los ojos.

La mentira hace falta en nuestra convivencia en porciones bien medidas. Prefiero principios menos bellos pero que podamos respetar mejor los políticos y los ciudadanos. Instale esos principios entre las utopías actuales, que siempre me gustarán como orientación. Que queden los nuevos principios bien relacionados con las Constituciones y las leyes, aunque tengan que relajar su vinculación con las utopías. Necesito principios. Me parece útil lo que le pido. Démelos aceptables y a mi alcance. Que los puedan cumplir mejor los políticos y que me lo muestren. Les respetaré. Nos respetarán.

José María Vázquez. Madrid.