Horizonte

El doble rasero de Felipe González

No podemos mantener hoy en día la ambigüedad de demandar democracia en unos países sí y en otros no

Ramón Pérez-Maura
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Algunas veces convendría pararse un poco a pensar la coherencia de lo que se hace. Felipe González ha estado esta semana en su otra patria, Colombia (él también tiene nacionalidad colombiana) respaldando el llamado proceso de paz del presidente Santos y las FARC. Evidentemente Santos no lo llama a esa función en su calidad de colombiano sino en su condición de expresidente del Gobierno español. Junto a él ha estado en Cartagena de Indias el expresidente uruguayo José Mújica, el que fuera guerrillero tupamaro que desayuna en casa de la alcaldesa Manuela Carmena cuando viene de visita por Madrid.

El historial democrático de González es impecable. Y en los últimos años ha volcado sus esfuerzos en la búsqueda de la democracia en Venezuela, donde se ha implicado en la defensa de Leopoldo López y de los opositores perseguidos por el régimen chavista. Pero el mismo González que está defendiendo la democracia en Venezuela ha ido a Colombia a avalar la violación de la democracia que ha perpetrado Juan Manuel Santos al no respetar el resultado del plebiscito del 2 de octubre de 2016 en el que los colombianos rechazaron la rendición del Estado ante la guerrilla narcomarxista. Santos ingnoró el resultado de la consulta que él mismo había decidido celebrar como forma de darse un baño de multitudes y presentarse como el gran hacedor de la paz de todos los colombianos. El resultado es conocido.

Cuando González acude a Cartagena de Indias a respaldar la paz de Santos, haría bien en recordar que en esa misma ciudad heroica participaron el 26 de septiembre de 2016 en un acto de campaña electoral por el «sí» en el plebiscito gentes como el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, el cubano Raúl Castro, el peruano Pedro Pablo Kuczynski, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon y el Rey Juan Carlos, en un acto memorable de la diplomacia de José Manuel García-Margallo del que la Corona española tardará en recuperarse. Hasta el Papa y el presidente Obama apoyaron el «sí» en aquel plebiscito. Y frente a todo eso, el pueblo dijo «no» porque no se dejó engañar. Y ahora ha ido Felipe González a validar la violación de ese resultado cometida por el presidente Santos al que lo único que le ha importado en la vida ha sido recibir un premio Nobel de la Paz aunque no hubiera conseguido paz alguna.

No dista mucho lo que ha hecho Felipe González en Colombia de lo que ha perpetrado también esta semana en Cuba la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, que ha ido a profundizar en la cooperación con la dictadura castrista cuya represión crece. Como si no hubiera quedado bastante claro que el levantamiento de las sanciones que hizo Obama y el restablecimiento de las relaciones bilaterales ha servido exclusivamente para reforzar la dictadura de los Castro. Cuba se ahoga porque el régimen no hace más que producir miseria y los europeos vamos a ir a salvar el régimen comunista para que los cuadros del partido puedan seguir disfrutando de sus sinecuras.

Los españoles y los europeos todos no podemos mantener hoy en día la ambigüedad de demandar democracia en unos países sí y en otros no. Y España tiene el deber ético y moral de estar a la cabeza de la reivindicación democrática en América, por donde corre nuestra sangre en las venas de tantos hermanos. Pero hoy no estamos respaldando la democracia ni en Cuba ni en Colombia.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura