Divorcios

LAURA CAMPMANY
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Lo malo de las separaciones intensas es que casi siempre acaban en divorcio. Es lo que les ha pasado a los Duques de Lugo, que ya han anunciado el suyo, y lo que le está pasando al Gobierno. Empezó por distanciarse de la legalidad, y ahora, con el caso Alakrana, ya ha firmado su divorcio de cualquier principio que no sea el de la mera utilidad. Tragando y cediendo a los chantajes, cualquiera arregla un conflicto. Lo malo es el sabor de fondo, el retrogusto, que dirían los enólogos, que se te queda navegando en el paladar.

Leo en la Prensa, y oigo comentar en los corrillos de la oficina, la noticia de la separación de Imanol Arias y Pastora Vega. A la gente le gustaba esa extraña pareja formada por un vasco adoptivo y una gitana de raza, y yo creo que siente, sentimos, que había en ella algo mágico, prometedor, casi terapéutico que sólo una historia tan idiota como la vida podía acabar destruyendo. Uno percibe a veces, en la superficie de algunas fragatas y a ras de algunos desencuentros, la insoportable levedad de la espuma.

Hay quien sugiere que la ruptura se debe al éxito de una serie que es los jueves. Imanol lleva años contándonos la Historia de la España franquista y posfranquista con una solvencia que tiene que haberle calado hondo. Imanol ya es Antonio, y está casado con Mercedes, su milano, y a veces nos da pena, y otras ternura, e inevitablemente nos pertenece. Yo creo que este Alcántara no se ha separado de su mujer verdadera, sino de sí mismo. Son, quizás, las dos manos de la Fama: una peina laureles y otra acuna el abismo.