DISPERSIÓN EFICAZ

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DESPUÉS de treinta años de lucha antiterrorista, la política penitenciaria se ha consolidado como un instrumento decisivo para evitar que las cárceles se conviertan tanto en centros de captación y adoctrinamiento de nuevos terroristas como en prolongaciones de las estrategias dictadas por las cúpulas de las bandas. En cuanto a ETA, la eficacia de la dispersión ha sido incuestionable, claro está, en unión de otras medidas legales y policiales. Las primeras decisiones tomadas en este sentido sobre los presos islamistas de Al Qaida recluidos en cárceles españolas han empezado a dar resultados satisfactorios, fundamentalmente en el registro de incidencias y conflictos internos, que ha descendido, según la información que hoy publica ABC. La situación penitenciaria es especialmente severa para los presos relacionados con el GIA argelino y otros grupos de origen marroquí, terroristas que, como desvelaron las denuncias de los funcionarios de prisiones, tienen un fuerte sentimiento gregario, que se fortalece, además, con la dirección de imanes vinculados con los propósitos terroristas.

La dispersión no vulnera ningún derecho fundamental, como ha reiterado el Tribunal Constitucional, siempre que se adopte sin arbitrariedad. El terrorismo es una delincuencia organizada y la localización permanente de sus «militantes» en las mismas prisiones permite a sus dirigentes activar planes de captación o, como mínimo, de conservación del preso en la disciplina organizativa de la banda. En estas condiciones, la movilidad del preso es imprescindible tanto para frustrar los planes de la organización terrorista como para facilitar realmente la reintegración del delincuente. No conviene engañarse: la biografía de muchos terroristas demuestra que su tránsito a la violencia se produce por la influencia del entorno más próximo: familiar, amistoso o social. Acercar al preso nuevamente a ese entorno puede ser contraproducente. No en vano, los delitos de terrorismo no se juzgan allí donde se cometen, sino en la Audiencia Nacional.

Sin necesidad de un pacto específico para el terrorismo integrista, el Gobierno, después de remontar algunas frivolidades de altos cargos del Ministerio del Interior, ha aplicado una medida avalada por la experiencia de la lucha contra ETA, fuente abundante de lecciones para combatir este nuevo terrorismo. No es bueno que se cuestione la política de dispersión de etarras -y no sólo los nacionalistas lo están haciendo; algún socialista vasco también- justo cuando empieza a aplicarse a los integristas islamistas. Pasado mañana hay reunión del Pacto Antiterrorista y convendría que Gobierno, PP y PSOE despejaran dudas, por pequeñas que fueran, sobre la política penitenciaria.