Dinero para pensar

Por César ALONSO DE LOS RÍOS
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EL PP crea una megafundación cultural. No le basta con estar en el poder sino que quiere seguir en él... con ideas o gracias a las ideas. A esto se le llama, en política y cultura, voluntad de hegemonía. La nueva fundación (fusión ampliada de las existentes) será una fábrica de producción ideológica al servicio del PP en el Gobierno o en la oposición. Se habla de un capital ambicioso: cuatro mil millones, para empezar.

Lo más interesante de esta iniciativa es la ruptura con ciertos hábitos españoles. Se juega a largo plazo, se rompe con la provisionalidad a la que todo parece condenado entre nosotros. Se apuesta por el estudio y el trabajo de investigación, no para la galería o para los premios. Por otra parte, y aun cuando la finalidad sea partidaria, no queda reducida a la pura competitividad política sino que viene a excitar los debates, aquí donde nos quejamos tanto de la pachorrez de los espíritus. El marasmo del que hablaba Unamuno. Se reconoce que las ideas «cuestan» y se invierte en su producción.

Pienso que la nueva FAES hará reaccionar al PSOE, cogido de momento con el pie cambiado. El PSOE habría tenido la ocasión de hacer algo semejante si González hubiera sido sensible a la necesidad de contar con una cantera de ideas. Sin duda le interesó todo lo contrario o, al menos, pensó que su taller debería estar fuera de los ámbitos orgánicos del PSOE. En tiempos de Almunia se habló de un plan de fusión de las diversas fundaciones socialistas pero para entonces lo que importaba era repartir entre algunos la caridad... Las fundaciones son guaridas para tiempos difíciles. Así que ahora José Luis Rodríguez Zapatero y su Ejecutiva no controlan de forma directa sus fundaciones (por otra parte, en un alto grado de precariedad) en unos momentos en los que más las necesitarían: cuando se está en la oposición la información es muy escasa y muy cara su manipulación.

En principio la idea de la Fundación viene a demostrar que la dirección del PP valora la lucha ideológica y el trabajo intelectual, y por tanto viene a negar la imagen de la derecha enfrentada siempre a la «inteligencia». Del dogma dúplice según el cual la izquierda es superior a la derecha ética e intelectualmente ya ha desaparecido la primera parte. Sólo algunos bárbaros pueden recurrir a él en circunstancias excepcionales, como las elecciones. Pero los políticos de izquierda y sus intelectuales orgánicos (no los que tienen un respeto a la realidad) siguen manteniendo el tópico de la superioridad cultural de la izquierda, a pesar de su clamorosa falsedad. Pero lo más curioso es que tal convicción sea compartida por la propia derecha. A quienes conocemos bien la historia de la izquierda pocas cosas nos resultan tan patéticas como este complejo de la derecha.

¿De dónde viene esa idea de la superioridad cultural de la izquierda? Porque el movimiento obrero español fue muy pobre teóricamente. Entre nuestros escritores o políticos o ideólogos no tuvimos un Blum o un Jaurés o un Labriola o un Gramsci o un Wells o un Gide o un Romain Rolland... por no hablar de los alemanes, la Escuela de Fráncfort, etcétera. Tampoco la izquierda española tuvo un Cánovas o un Maura. Para encontrar políticos intelectuales hay que ir al minoritario republicanismo de Azaña. La tradición cultural española tiene sus grandes expresiones en Menéndez Pelayo (sólo infravalorado por osados ignorantes), Balmes, Ortega y Gasset (al que se ha llegado a acusar de inspirador del fascismo) y en el ensayismo de Unamuno, Azorín, D´Ors, Marañón, Marías, Laín, Aranguren, Maravall, Díez del Corral, Caro Baroja, Ferrater Mora, Trías... ¿De dónde viene, entonces, el tópico? Sin duda de una hegemonía de la izquierda en la creación literaria y artística en los años sesenta y setenta.

En todo caso, la creación de una fundación cultural es buena para todos.