La diferencia de Bankinter

Por José Mª GARCÍA-HOZ
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Para mí tengo que en el escenario nacional, la trayectoria empresarial más digna de seguimiento es la de Bankinter, un Banco que como dicen los castizos se ha metido hasta las cachas en Internet, siguiendo una definición estratégica absolutamente singular, sin parangón en el sistema bancario español y, por lo que alcanzo a saber, en el internacional. Si en el medio plazo su apuesta por Internet es acertada, Bankinter, además de ganar tamaño en su balance y multiplicar sus beneficios, se convertirá en la empresa de referencia de todo el sector financiero; por el contrario, si se equivoca, el batacazo será morrocotudo.

Como se sabe, los Bancos de todo el mundo dedican mucho tiempo a pensar, solos o en compañía de otros, qué es eso de Internet o, más exactamente, cómo afectará Internet al negocio. Para unos, probablemente la mayoría, la red es sencillamente un nuevo canal por el que hacer transacciones financieras: a partir de ahora los Bancos, además de su red física de oficinas y de su banca telefónica podrán desarrollar su actividad vía Internet. Nada muy distinto de las empresas comerciales tradicionales: El Corte Inglés, Carrefour, Caprabo etc., han puesto los medios que permiten comprar a través del ordenador, y evitar así tanto el desplazamiento físico a la tienda, como hacer cola en la caja o acarrear hasta casa el dichoso paquete de detergente.

Frente al diagnóstico de que Internet es un canal más, se encuentran los que aseguran que en realidad Internet es la nueva forma total de hacer negocios. Es más cómodo para el cliente y más barato para la empresa. El cliente, en primer lugar: al fin y al cabo por qué someterme a la dictadura de los horarios comerciales, o a las inclemencias del tiempo, o a la cola que siempre hay en caja si todas mis operaciones las puedo hacer sin levantarme de la cama. Y para el Banco, no digamos: la costosa red de oficinas físicas puede ser sustituida por un centro de cálculo mucho más eficiente, que ni come pan ni necesita vacaciones. Es verdad que los cambios no se producen de la noche a la mañana y aunque los españoles, en una fecha histórica y dramática, se acostaron monárquicos y se levantaron republicanos, no van a informatizarse en el plazo de unas pocas semanas.

Y como el cambio, en el caso de que se produzca, no va a ser inmediato, muchos Bancos han decidido ir probando. Los más grandes —BBVA, BSCH— gastándose unos buenos duros en montar sus propios Bancos on line, pero como negocio separado que no interfiere el tradicional de sus respectivas casas matrices. Las entidades de menos posibles han sacado a la red su propia web y han invertido en una campaña de publicidad para dejar claro que ellos también son modernos. Bankinter ha sido el único que ha aceptado la estrategia del Internet total: desde el consejero delegado al empleado más reciente están involucrados en llevar a la red toda su actividad. Todavía falta tiempo hasta que termine la partida y ningún dato, bueno o malo, puede considerarse definitivo: Bankinter hace cada vez más operaciones en la red y consigue más clientes, se ha adelantado a toda la competencia al sacar los depósitos a subasta, pero los costes han sido superiores a los previstos y durante el año pasado los beneficios disminuyeron un 20 por ciento, mientras que el resto de la Banca los aumentaba.

Ni soy ni puedo ser profeta. Desconozco por tanto el resultado de estrategia tan decidida. El viejo refrán sentencia que para coger peces hace falta mojarse algo más que los pies, pero un economista añadiría que esa es condición necesaria aunque no suficiente para alcanzar el objetivo propuesto. Merece ganar, porque aunque el primer objetivo de Bankinter, obviamente, es conseguir beneficios y aumentar la rentabilidad de sus recursos, no es menos cierto que de paso ha enriquecido al conjunto social, porque la variedad de estrategias empresariales, la diversidad de respuestas a los desafíos presentes son, al cabo, un activo del común.