El diálogo

Por Jaime CAMPMANY
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Mil seiscientos kilos de explosivos nos aguardan en algún lugar de nuestra tierra y de nuestra vida para iniciar con nosotros un diálogo constructivo acerca del futuro del País Vasco. Antes de empezar a hablar a estallido limpio, ya han hecho volar por los aires la manifestación de Ibarreche. Paz y diálogo. En realidad, ya han respondido. Han cosechado en Francia mil seiscientos argumentos, quizá cartesianos. Mato luego existo. Por si la amenaza no fuese suficiente, ahí están los hechos: un ertzaintza muerto y otro herido. Seguramente es una represalia o un aviso para que no los toquen. No sólo quieren matar. Quieren matar en la impunidad. Quieren hablar solos, matar solos. Eso es un monólogo de cloratita, y que nadie se atreva a responder.

A lo mejor, los seis párrocos alaveses suspenden la marcha y la dejan para otro día sin ertzaintza muerto y sin los mil seiscientos kilos de explosivos esperando el paso de cualquier cristiano, de cualquier feligrés del pueblo de Dios, cordero para el sacrificio de Caín. Que vayan a hablarles a los del explosivo. Que vaya Ibarreche, con su gobierno, con las banderas del PNV, con Arzalluz, con Eguíbar, Otegui indicando el camino, los párrocos alaveses, los obispos con Setién al mando, y que nos expliquen cuál es el lenguaje en el que responden, cómo se expresan, de qué hablan, cómo piden la paz y la palabra, cuántos kilos de cloratita, o de dinamita o de lo que sea, gastan en cada parlamento.

Lo diremos con giro de tango. Con los etarras mejor no hay que hablar. En cuanto abren la boca, les sale un tiro o una bomba-lapa. Podemos hablar de otras cosas, de trabajo, de prosperidad, de defender las ideas en libertad y con las razones por delante. Que nos dejen hablar de lo que nos dé la gana, de los marroquíes que vienen y de doña Marta Ferrusola que los ve venir desde el parapente, de los moros que están aquí y del señor Centeno que quiere echarlos, de la sucesión de Jordi Pujol, del cabreo de Durán i Lleida y de la elegancia tiralevitas de Artur Mas, de que se lleven el «Tireless», de las «vacas locas» y de la fiebre aftosa, del discurso de colegio de monjas de Ana Torme, de la disputada sucesión de Aznar, de que se acaban dos joyas del museo español: la mili y la peseta.

Que nos dejen hablar del impuesto de Ibarra a los bancos, y del apego de Bono a cenar con los cardenales, «hoy ha cenado Bono en la embajada, habrá cenado bien su señoría», y de Enrique Bacigalupo, el Argentinito, ese inmigrante que ha organizado en España un conflicto de poderes, con la falta que hace eso por allá, y del Plan Hidrológico Nacional, que el PSOE ha tenido que esconder el suyo porque el partido se venía abajo, descoyuntado, y de Paco Vázquez, el alcalde de la izquierda votado por la derecha, que quiere que el Estado asuma las competencias de la Enseñanza en el País Vasco, no nos caerá esa breva, y de Felipe González, que ha nombrado a Jesús Polanco editor áulico del PNV, y del suplicatorio de Garzón para Berlusconi, ése no da puntada sin hilo, y de los diputados peperos que votan al revés, y de que Rodrigo Rato se quiere ir, y de que Juan José Lucas ya ha venido.

Que dejen que cada cual hable de lo que quiera. Las marujas quieren hablar de «Tómbola», de la pilila del conde Lequio, que se la vieron en el couché, y todavía no saben si el padre Apeles se acostó o no con Yola Berrocal, tan tonta y tan placentera, y los celtíberos quieren hablar de fútbol. España es la primera potencia mundial en fútbol. Y del gol de Rivaldo con el orsay y el gol de Raúl con la mano de dios. El fútbol recorre Europa. Nosotros le llamamos camarada. Con todo eso se divierte la hermosa gente. Que dialoguen de fútbol, que también es una guerra, pero que no mata.