Una Diada diferente

La Diada 2018 no ha salido tan mal como se temía

José María Carrascal
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Aunque los nacionalistas tienen menos imaginación que un gusano de seda, ha habido cambios en la última Diada respecto a las ediciones anteriores. El más importante: que los dirigentes que la protagonizaron en 2017 están en la cárcel o huidos por Europa de la Justicia española. Luego, que las grietas entre pragmáticos y fanáticos –aunque algo de ello tienen todos– quedaron en evidencia hasta el punto de que Ada Colau, una mujer que siente el latir de la calle, hizo su ofrenda floral aparte de la oficial. Y, puede la más decisiva: que el secesionismo recibió la víspera el aviso de «mucho cuidado con pasar de las palabras a los hechos». Y no del Gobierno Sánchez, que bastante ocupado está en corregir las meteduras de pata de sus ministras, sino del tercer poder del Estado: el Judicial. Tanto el presidente del Tribunal Supremo como la fiscal general dejaron muy claro que «cuando la Constitución es golpeada, no puede renunciar a resistirse», y la advertencia «No puede haber excepciones a la regla de la ley estará por encima de todo y de todos». Dicho tras anunciarse que el juicio de los encausados por los sucesos de hace un año se acelerarán, con la rebelión como cargo principal. Un auténtico jarro de agua fría para ellos que exigen su absolución. A los jueces no se les amedrenta tan fácilmente como a los políticos. Un aviso dirigido también al presidente del gobierno.

Escenografía y parafernalia fueron las de siempre, incluso ampliadas, pero la reivindicación central no fue esta vez el «derecho a decidir» y la «puesta en marcha de la república catalana», como venían anunciando, sino los presos. Sacarlos de sus celdas. Lo hacen por dos motivos. Si vuelven a montar un número como el del año pasado, saltándose todo tipo de normas, leyes y sentencias, quienes comerán el turrón en la cárcel serán ellos. Pensaban que Sánchez les echaría una mano (en la república catalana que planean, el gobierno nombra los jueces), pero en los Estados democráticos, el poder judicial es independiente, así que tienen que atenerse a lo que hay. Seguro que en los próximos días habrá incidentes a cargo de los Comités de Defensa de la República, pero por parte del Govern no esperen más que lamentos, denuncias, reproches y el victimismo de costumbre. Cuidándose mucho de no volver a ponerse la Constitución y las sentencias de los tribunales por montera. Era patético escuchar a Torra pedir por favor a los españoles que les dejemos votar, cuando han votado cuando y cuanto han querido y seguirán haciéndolo, siempre que respeten las leyes.

Para resumir: la Diada 2018 no ha salido tan mal como se temía, Incluso podría decirse: mejor de lo que se esperaba. O, si pensamos en las mentiras, infundios, incongruencias, desvaríos en que se funda el independentismo catalán caemos en que es víctima de su propia farsa. Fue necesario, sin embargo, que alguien le diera el alto. Ha sido la Justicia española. A la belga y alemana, se les escapó vivo. En el pecado tienen su penitencia, teniendo que aguantar a esos vendedores de crecepelo.

José María CarrascalJosé María CarrascalArticulista de OpiniónJosé María Carrascal