Una deuda con Massip

NO quisiera dejar que finalizara 2007 sin recordar que en este año se ha

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NO quisiera dejar que finalizara 2007 sin recordar que en este año se ha cumplido el sesenta aniversario de la llegada de José María Massip a ABC. Las convulsiones de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial, los naufragios de aquel mundo sacudido por las consecuencias de las luchas entre los dos grandes totalitarismos del siglo XX, arrojaron sobre la playa de estas páginas a quien iba a erigirse, en un momento de excelentes corresponsales (Augusto Assía, Carlos Sentís, Jacinto Miquelarena, Francisco Lucientes...), en el maestro incuestionable de la corresponsalía como género periodístico de elite. Durante veintiséis años sus crónicas ayudaron a madurar políticamente a centenares de miles de españoles, interpretando el mundo con el más inteligente liberalismo y luchando con sutilezas escritas entre líneas contra los recelos antidemocráticos del poder.

En 1964, un gobierno español muy mal informado quiso que ABC retirase a su corresponsal en Washington porque Massip vaticinaba el fracaso que iba a experimentar el ultraconservador Barry Goldwater frente a Lyndon Jonson en las elecciones presidenciales norteamericanas. Massip vino a Madrid e informó al desinformado ministro de Información de la nula capacidad de Goldwater para llegar a la Casa Blanca. Para Franco y su gobierno, Goldwater era la imagen del más deslumbrante anticomunismo, el hombre capaz de afirmar que «el extremismo en la defensa de la verdad no es un vicio; la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud». Pocas semanas después, Goldwater protagonizó la más espectacular derrota que recuerda la historia electoral de los Estados Unidos.

Cuando llegó a este periódico en 1947, Massip traía muchos saberes y experiencias, algunas muy amargas. Había sido, en los años veinte y treinta, uno de los mejores periodistas en catalán. De ahí había saltado a la política dentro de las filas de Ezquerra Republicana, como director de dos de sus periódicos, diputado en el Congreso y redactor de los discurso de Lluís Companys. Como a tantos periodistas de su tiempo, la vocación política les llevó al fracaso. Hastiado de la guerra civil marcha a París en 1938, y de ahí, en largo salto, llega a Manila, donde vuelve al quehacer periodístico como director de «El Debate». Prisionero durante la invasión japonesa logra unirse a las fuerzas victoriosas del general Douglas MacArthur y asiste en la cubierta del acorazado «Missouri» a la firma de la rendición japonesa por parte del Emperador Hiro Hito.

El fichaje de José María Massip por ABC fue uno de los más importantes de la ya centenaria historia de la Casa, y una muestra de la capacidad de Juan Ignacio Luca de Tena para superar, en años muy duros, los enfrentamientos de la guerra. En aquella Redacción supervigilada por el ojo político del régimen a causa de su adscripción monárquica trabajaban tres periodistas que habían sido gobernadores civiles con la República, Luis de Armiñán, Antonio Rodríguez de León y Pedro Masa.

El principal beneficiario de la llegada de Massip fue el ABC, que durante veintiséis años pudo disfrutar de los más clarificadores análisis de la situación política mundial. Pero este periódico tiene una deuda con Massip: el Premio Mariano de Cavia. Quien durante un cuarto de siglo escribió miles de crónicas, la mayor parte de las cuales tenían calidad sobrada para obtener el más importante galardón del periodismo español, murió sin el premio. Una selección de las crónicas de Massip en ABC podría alumbrar un lúcido análisis de la historia política de la segunda mitad del siglo pasado, a la altura de los libros publicados por otros grandes analistas mundiales.