Despilfarro para hundir las cuentas

El dinero público sí es de alguien, y cuesta un gran esfuerzo pagar los impuestos que el PSOE se saca de la manga. España merece elecciones cuanto antes porque los números no mienten

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En España se ha convertido en una lamentable costumbre que los Gobiernos del PSOE incrementen irresponsablemente el gasto público, poniendo en peligro la senda de estabilidad, las exigencias de cumplimiento de déficit de la Unión Europea y el equilibrio financiero de nuestra democracia. Los Gobiernos socialistas -y el de Sánchez no iba a ser una excepción- gastan a manos llenas en la creencia de que la derecha siempre será identificada con los recortes, y de que, como sostuvo en su día la actual vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el dinero público no es de nadie. Sin embargo, la deuda pública siempre crece con el PSOE en el poder. Tal y como hoy revela ABC, el desembolso público ascendió durante los últimos meses de 2018, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, a máximos históricos, superando incluso lo ocurrido entre 2009 y 2010, cuando Rodríguez Zapatero gastó 12.000 millones extras en la estrambótica inversión del llamado Plan E.

En el último trimestre de 2018, las administraciones experimentaron un consumo público de 56.676 millones de euros, el mayor en tres meses de la serie histórica del Instituto Nacional de Estadística desde que hace mediciones de este tipo, en 1995. Sánchez tiene más asesores y «enchufados» que ningún otro presidente en la historia democrática y, con él en La Moncloa, las comunidades y los ayuntamientos están generando un consumo público muy superior al de ninguna otra etapa de gobierno anterior. El PSOE actúa en clave preelectoral poniendo en peligro la estabilidad de las cuentas públicas, en un momento en que su proyecto de Presupuestos está en el aire, y en el que ha recibido serias advertencias del Banco de España o de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) por no haber presentado unas cuentas públicas creíbles.

Su propuesta de gasto no coincide con el cálculo de ingresos del Estado, y la previsión de crecimiento económico está decayendo por más que el Gobierno trate de maquillar la realidad. Lo bueno de los números es que su frialdad no engaña, y lo malo del Gobierno es que miente a sabiendas de que las cuentas no cuadran. Sánchez se ha revelado como un despilfarrador irresponsable que pretende poner al Estado a su servicio para repetir como presidente, aunque tenga que castigar a la clase media con más impuestos para que puedan cuadrarle todos sus abusos con el erario. Esa es la seña de identidad de la izquierda: tomar la caja pública y emplearla a capricho para demostrarse como un manirroto, haciendo creer que ahogar al ciudadano es un capricho de la derecha. Pero nada está más alejado de la realidad. El dinero público sí es de alguien y cuesta un enorme esfuerzo pagar los impuestos que el PSOE siempre se saca de la manga. España merece elecciones cuanto antes porque los números no mienten.