Pedro Sánchez
Pedro Sánchez - EP
EDITORIAL

Deslealtad e imprudencia ante el Supremo

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EL presidente del Gobierno se ha comportado de forma oportunista y desleal con el Tribunal Supremo, pese a que su Sala Tercera ha librado a las haciendas autonómicas de un desembolso sorpresivo de varios miles de millones de euros a corto plazo. Lejos de apreciar este resultado o, al menos, callar sus críticas, Sánchez acompañó el anuncio de la reforma del impuesto hipotecario con una petición al Supremo para que «reflexione» y haga «autocrítica». Esta petición es inaceptable en el jefe del Ejecutivo, no sólo por impertinente, sino por inútil. El presidente del Supremo ya pidió disculpas por el evidente descontrol interno de la Sala Tercera. Ahora bien, una vez tomada la decisión de volver a la doctrina establecida hace casi un cuarto de siglo, Sánchez debió ahorrarse ese señalamiento a unos magistrados que, con mayor o menor torpeza, pretendieron restaurar la seguridad jurídica sobre un impuesto que fue regulado por los socialistas y descargado por los socialistas en la espalda del «ciudadano de a pie» al que aludía Sánchez cual paladín frente a los abusos del sistema capitalista.

Mientras negocia la renovación del Consejo General del Poder Judicial -un cambio de cromos para el que necesita al PP y con el que trata de asegurarse una cuota que permita al Gobierno maniobrar con sus políticas de «normalización»-, Sánchez aprovecha el martirio voluntario de la Sala Tercera para lanzar un mensaje irresponsable contra el tribunal que tendrá que juzgar en su Sala Segunda la causa penal más importante de la democracia, la del separatismo en Cataluña. Pedro Sánchez no invita al Supremo a la reflexión ni a la autocrítica, sino a dejarse acorralar por la opinión pública en una estrategia de deslegitimación con la vista puesta en la sentencia del «procés» y, quizás, en unos futuros indultos a los que sigue sin renunciar.