Pedro Sánchez en un acto de campaña electoral
Pedro Sánchez en un acto de campaña electoral - ABC
EDITORIAL ABC

Desenmascarar a Sánchez

La pregunta que importa para el futuro de España solo es si el candidato del PSOE va a seguir siendo el hombre de confianza del separatismo y la izquierda ultramontana en La Moncloa

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Los estrategas electorales de Pedro Sánchez han tenido que reinventar su campaña electoral para encajar en él, nada más y nada menos, que dos debates televisados consecutivos y sin Vox por medio. Los socialistas van a ver a su candidato pasar de un extremo a otro: de una campaña plana, suave, de candidato beatífico, a una sobrexposición en vivo y en directo, sin la muleta de Vox con la que Sánchez pretendía ser un mero espectador de la pelea entre «las derechas». El problema de Sánchez es que va a ser expuesto públicamente con su realidad política, la misma que ha pretendido ocultar en campaña con discursos de centrista moderado, que ni él mismo se los cree. Le será difícil mantenerse en el centrismo y la moderación si tiene que explicar cómo es que le resulta admisible volver a ser presidente del Gobierno con los votos de un terrorista convicto como Otegui o de dos presuntos golpistas en prisión, como Junqueras y Jordi Sánchez, acusados por delito de rebelión. También le resultará complicado desgranar un programa de supuesta política social que, teniendo los mismos fundamentos demagógicos que los de Rodríguez Zapatero, no condene a España a la misma crisis que este llevó a extremos de quiebra nacional. Su delicada sensibilidad con los insultos que recibe -y por los que se felicita de que los debates no sean en horario infantil- será puesta a prueba si alguien le recuerda que es el candidato a La Moncloa de los que insultaron a Inés Arrimadas en Vic y acosaron y amenazaron a Cayetana Álvarez de Toledo en Barcelona o a Maite Pagazaurtundúa en Rentería.

La pregunta que importa para el futuro de España solo es si Sánchez va a seguir siendo el hombre de confianza del separatismo y la izquierda ultramontana en La Moncloa, su quinta columna en las instituciones del Estado para socavar con apariencias inocentes y hechos tóxicos la estabilidad constitucional y la unidad de España. Con Sánchez el «no es no» no significa no, sino «quizá», y esto es lo que han entendido bien los nacionalistas catalanes, porque Sánchez es el candidato que cuestiona la Constitución como solución al separatismo -su ministra Batet ha sido tan sincera como lo fue su compañero Iceta con la autodeterminación aplazada a diez años-, el que habla de conflicto en Cataluña y no de golpe, el que reconduce el asalto separatista a una solución -aún no precisada- que sólo deben votar los catalanes, no todos los españoles. Y, sobre todo, el que debe aclarar si, de ganar en el próximo domingo, va a indultar a los golpistas si estos resultan condenados. Eso es lo que los españoles esperan escuchar en los debates televisivos, la yema de unas citas de las que el candidato socialista trató de escapar y eso que los golpistas aún no habían confirmado desde su prisión preventiva que Sánchez era su candidato a La Moncloa.