Desbordado y sin más ideas

Actualizado:

EL Gobierno de Rodríguez Zapatero es una muestra diaria de desorden interno y falta de estrategia. Lo que bondadosamente se consideran rectificaciones, son, en realidad, puras y simples contradicciones en aspectos esenciales de una política económica seria que pretenda abordar una situación de crisis como la actual. Las pensiones, los impuestos, los sueldos de los funcionarios, las previsiones económicas y cualesquiera otros asuntos de similar gravedad, son maltratados por la impericia del Ejecutivo, que hace imposible la confianza que reclama para sus decisiones. No hay día en que no surja un episodio de descoordinación o de cambio de criterio. Ayer, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, atribuyó a la «confusión» del secretario de Estado de Hacienda -nada más y nada menos- el error de anunciar la revisión del pacto salarial con los funcionarios. No es admisible confusión alguna sobre un capítulo fundamental del gasto público y que está presente en todo plan de austeridad que se precie. ¿Cómo es posible que a estas alturas no sepa el Gobierno qué tiene que decir sobre esto?

También se enteró ayer la opinión pública de que la vicepresidenta Económica, Elena Salgado, admite ahora que la subida del IVA, a partir de julio, probablemente reducirá el consumo. Por tanto, no aumentará la recaudación ni reducirá el déficit público y sí contraerá la actividad económica. Éste es el mismo análisis que el Gobierno despreció cuando aprobó la subida de impuestos como un esfuerzo de solidaridad. Las palabras de Salgado no son una rectificación, sino una confesión de la falta de planificación política de la salida de la crisis. En este marasmo de descoordinación, la imagen exterior de España cotiza a la baja, como ayer volvió a demostrar Standard & Poor´s, al mostrar su desconfianza de que el Gobierno español pueda rebajar el déficit al 3 por ciento en 2013.

El Gobierno está llegando a ese punto de no retorno que impide cambiar el rumbo en la dirección correcta por la incapacidad política de quienes deben hacerlo. No es un problema de tiempo para madurar decisiones, ni de pactos con otras fuerzas políticas. Es la constatación de que Rodríguez Zapatero está definitivamente desbordado por la situación y de que es necesaria una crisis política, con disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones, que permita reiniciar una política eficaz contra la crisis.