La derrota del vencedor

Un enemigo vencido y no desarmado es vaticinio de derrota para los ilusorios vencedores

Gabriel Albiac
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En el rigor de la correlación de fuerzas, ninguna oportunidad tenían los golpistas catalanes de ganar su partida en 2017. Un golpe de Estado -eso habían planificado durante largos años- sólo puede triunfar sobre dos supuestos: hegemonía ideológica y superioridad armada. Cuando uno de ambos falla, aventurarse en la ofensiva final es sinónimo de suicidio.

Hasta un niño sabe eso. Y los gestores del golpe de Estado en Cataluña nada tenían de infantiles. Tampoco, de improvisadores. Los aspectos financieros e institucionales habían sido preparados durante decenios por una casta política tan hábil cuanto corrupta. No deja de tener su gracia que el movimiento más reaccionario de la España contemporánea, el del Jordi Pujol de Banca Catalana, haya sabido poner en

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