La derrota no es huérfana

NORBERTO FUENTES, Escritor cubano exiliado
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El primer acierto del presidente Barack Obama en relación a Cuba ha sido el de no soltarle las amarras a su proyección política y a lo que debe o no hacerse con Fidel Castro, y mucho menos dejarle el tema al libre albedrío de las emociones locales de Miami y, peor aún, del oportunismo de los congresistas republicanos del sur de la Florida. Él está al control, pero allá lejos, en Washington DC, y sin que se escape del Despacho Oval una sola palabra de sus ideas de maniobra.

La experiencia es vasta, y con frecuencia risible, de las veces que Fidel Castro ha manejado a su antojo el discurso mercurial de Miami. Por otro lado -y digamos que éste es un acierto en refuerzo del anterior- es evidente que Obama está haciendo lo necesario para atraer a las nuevas generaciones de inmigrantes cubanos hacia su proyecto. La pretensión es legítima, en especial si se tiene en cuenta que ya son mayoría los cubanos llegados a Miami después de 1980. La estrategia se dirige a varios objetivos y prevé diversas ganancias.

Primero es su intento de sostener una conversación racional donde hasta el presente ha dominado una retórica que desde hace rato carece de todo sentido. Ya no se sabe si viene de la Guerra Fría o hasta de la época de la explosión del Maine. El bautismo de fuego de la tropita de Obama va a recibirse, desde luego, en la recién anunciada conversación sobre asuntos migratorios, propuesta por Estados Unidos y aceptada por Cuba. Si logran superar los libretos de todas las reuniones que han tenido lugar anteriormente, podemos comenzar a respirar, y quizá hasta aventurar otras especulaciones.

Primero, la familia, dice Obama. Hasta primo segundo es el vínculo familiar que permite a los cubanos viajar a Cuba. Primo segundo es un lazo familiar tan elástico como difícil de identificar. Es decir, todos los cubanos pueden viajar a Cuba. Allí uno nunca sabe exactamente cuando es primo segundo de nadie. Otra cosa es que puedes ir todas las veces que quieras, estarte allí todo el tiempo que quieras y llevar el dinero que te quepa en los bolsillos, amén de hasta ¡800 libras de equipaje!

El sabio Obama no habla de bloqueo (o embargo, como gusten llamarle), pero deja que una oleada de cubanos -calculada este año en no menos de 350.000- se riegue por toda la isla y cree de hecho una nueva estructura económica, al principio más o menos subterránea y ante la cual el gobierno cubano tendrá que ceder, más temprano que tarde. Ceder significa que permita a los primos segundos abrir -digamos, para comenzar- sus pequeños negocios. Un contexto más sano si se quiere para el mercado cubano del dólar que el de las putas y los taxistas, sus actuales corredores.

El próximo paso (de acuerdo a mi información) es liberar el dólar. Levantar las medidas que impiden a Cuba negociar con esa moneda. El propósito es derribar el argumento de La Habana para devaluar el dinero americano hasta en un 20%. Desde luego, queda por ver la reacción oficial de La Habana ante la silenciosa ofensiva subcapitalista que le acecha.

Una ojeada a las expectativas del otro bando. Uno tiene la primera tentación de decir, los pobres. Miren lo que les pasa por atrincherarse en sus dignas posiciones, en disponerse a combatir por sus ideales; los bravos que pagaron el precio por haber defendido la revolución hasta sus últimas consecuencias. Cuando en realidad lo que tenemos es que están pagando el precio de haber destruido esa revolución. Haber dejado podrirse el país en la pobreza no es solo una distorsión de las propuestas comunistas sino una aberración del liderazgo cubano.

No tiene ni siquiera el argumento del derrumbe de la URSS. No es un argumento válido porque él lo sabía. Y si tal era la certidumbre de sus miras estratégicas, qué medidas tomó ante la eventualidad. Una disposición a refrescar el ambiente cubano cuando se hallaba en la cumbre de su gloria y hasta con el modesto crecimiento de su economía de un 3 % anual hacia mediados de los 80, hubiese elevado las posibilidades. Ni perdía la iniciativa, ni la base ideológica ni el poder.

Hoy las dos primeras no existen, y ni siquiera con la más minima posibilidad de recuperarlas. Y el poder muy bien parece un chiste. Servirles de nuevos gobernadores generales de la isla a los americanos -cuidarles la frontera marítima del paso de los narcotraficantes- no es precisamente el destino que nos prometieron. Es penoso que Fidel Castro no tenga nada que ofrecer en la mesa de negociaciones, solo, apenas, balbucear la idea de un éxodo masivo de inmigrantes económicos si su país sigue hundiéndose.