En su derecho

HERMANN TERTSCH
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MONTECASSINO

UN joven afgano ha matado a su antigua novia a cuchilladas en Múnich porque sospechaba que ella había entablado una nueva relación. Hasta ahí nada nuevo. Eso que aquí ahora se llama «violencia de género» ha existido siempre y se produce en todos los países del mundo. Y está claro que la «cosificación» de la mujer es aún piedra angular de ciertas culturas y religiones. El asesino de Múnich ha reconocido el crimen pero dice hallarse en su derecho. Porque lo dice el Corán. Ante el juez ha apelado a la libertad religiosa.

Veo paralelismos entre este caso y los casos de brutalidad extrema en esa «cosificación» entre los jóvenes, incluso entre los niños, en sociedades crecientemente desestructuradas como la nuestra. No hay más que recordar lo sucedido esta semana en dos localidades andaluzas, Baena e Isla Cristina. Menores para los que la televisión y los juegos violentos de consola han adoptado el papel de la madre y la función del padre ha sido asumida por la calle, desprecian la socialización y el respeto al prójimo. Cuando el fracaso escolar alcanza a más de un tercio de los menores en la educación obligatoria como en España, el doble de la media europea, y en la Andalucía socialista es nada menos que del 40 por ciento, no debiera sorprender a nadie la existencia de un inmenso ejército de adolescentes embrutecidos. Los sistemáticos llamamientos desde la política y los medios a despreciar los valores tradicionales han sido entendidos literalmente. Como el afgano y por muy diferentes motivos, esta camada encanallada se considera en su derecho.