La Tercera

Democracia sin alma

«Si por democracia entendemos sólo el respeto formal a las reglas, al principio mayoritario, y creemos que ese respeto legitima cualquier opción, o nos excusa de justificarla cabalmente, porque la verdad y los valores morales no existen en política donde todo es opinable, entonces no tendremos el mapa completo y, desorientados, podremos despeñarnos por el precipicio de la Alemania de ayer, u otras cuestas menos abruptas, pero más cercanas»

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Weimar, 31 de julio de 1919. Finalizada la I Guerra Mundial, la Asamblea Nacional alemana aprobaba una nueva Constitución. Eran tiempos de gran inestabilidad política, social y económica, con acciones y reacciones extremas a derecha e izquierda. En noviembre de 1923, después de que Francia ocupara la región del Ruhr al demorar Alemania su pago de las reparaciones de guerra, miembros del Partido Nacionalsocialista dieron en Múnich un fallido golpe de Estado que acabó con Hitler procesado y condenado. En la prisión de Landsberg, comenzó a escribir Mein Kampf (Mi lucha), con ideas antisemitas, militaristas y expansionistas, imaginando la destrucción de los judíos y la invasión de Rusia para que Alemania alcanzara su destino histórico.

El primero de sus dos