Decisión ejecutiva

Rara vez se ha visto una coalición nacida con menos entusiasmo ni con más demostraciones de recíproco desagrado

Ignacio Camacho
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La buena noticia es que, como no podía ser de otro modo, en Andalucía se ha acabado sellando un pacto -o dos, o uno subdividido- para el cambio. La mala es que no ha pasado ni un día sin que afloren reticencias entre los partidos que lo firmaron. Ese panorama de recelos barrunta malos presagios para la tarea hercúlea de regenerar un sistema viciado. La cohesión de un Gobierno que aún ni siquiera se ha formado está amenazada desde el principio por la desconfianza entre unos aliados que parecen avergonzarse de su propio trato. Rara vez se ha visto una coalición nacida con menos entusiasmo ni con más ceños fruncidos, narices tapadas y otros gestos de escrúpulo o desagrado. Estos

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